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martes, 30 de junio de 2026
miércoles, 11 de marzo de 2026
Charla coloquio sobre Sinodalidad con Felipe Bermúdez
Está tarde noche en la parroquia de San Gregorio hemos tenido un encuentro con Felipe Bermúdez, para dialogar sobre sínodo sus luces y sombras.
Nos hace un recorrido donde destaca:
- la iglesia hacia un cambio profundo.
- Estamos en proceso, es un proceso imparable, y necesita de todos nosotros, y que practiquemos, practiquemos,..en este proceso, caminando juntos, hacer camino juntos.
- Hay una gran novedad y vivimos un kairos eclesial.
- y finaliza comentando que caminamos hacia una asamblea eclesial en octubre del 2028, no podemos perder está gran oportunidad.
Entrevista al ponente sobre sinodalidad en Emisora Diocesana https://antigonahoy.blogspot.com/2026/03/felipe-bermudez-sinodalidad-hacia-la.html
viernes, 6 de febrero de 2026
Segundo Díaz Santana (+). El presente como Sacramento. Ana Díaz/Francisco López/Cristobal Déniz/Esteban Velázquez
Segundo Díaz, una vida con calidad
Ana Díaz
Con el transcurso del tiempo, la amistad va adquiriendo distintas tonalidades y formas. Están aquellos amigos con los que compartes la rutina; hay otros que te encuentras de vez en cuando, pero con los que enganchas enseguida en aquella última conversación, como si no hubiera pasado el tiempo. Y, luego, hay otros amigos como Segundo Díaz.
Segundo falleció ayer después de una larga enfermedad, la cual supo afrontar con valentía y sin perder el buen humor. Fue un amigo “intermitente” en el sentido más positivo de la expresión. Lo conocí en mis primeros ejercicios espirituales, cuando yo tenía 9 años. Desde aquel momento se dirigía a mí llamándome "hermana" porque, casualidades de la vida, teníamos los mismos apellidos. En aquellos ejercicios me transmitió un pensamiento que me ha acompañado toda la vida: “Hay que vivir cada momento con calidad —me dijo— porque este día, este minuto de este mes y año, no se repetirá jamás”.
Vivir el presente con calidad es cómo definiría la existencia de Segundo.
Años más tarde volví a saber de él. Recién ordenado sacerdote, estuvo en Ingenio, mi localidad natal. Fue poco tiempo, pero el necesario para llegar al corazón de todos. Su cercanía y empatía hicieron que, aún hoy, lo nombren como el cura joven que se ganó al pueblo convirtiéndose en un vecino más.
Su capacidad y deseo de entablar relación con la gente fue, quizá, la razón por la que decidió dominar la lengua de signos y la lectura labiofacial, llegando a ser uno de los primeros sacerdotes en esta diócesis que podía conectar con las personas sordas.
Destacaba en él una gran capacidad de reflexión y estudio al servicio de la pastoral, aportando ideas y herramientas válidas para avanzar en el razonamiento de la fe. Profesor del Instituto Superior de Teología y doctor en Eclesiología, proponía una nueva evangelización sencilla y cercana, siguiendo la estela del Concilio Vaticano II dentro del contexto globalizador.
De todo esto hablábamos cuando pasaba por el Obispado y se acercaba a saludarme. Pero también comentábamos los acontecimientos de nuestra vida que nos preocupaban y alegraban. En los últimos años, cuando ya caminaba acompañado de su enfermedad y le preguntaba: “¿Cómo estás?”, me contestaba: “Vivo”. Él era presente.
Cuando me enteré de su partida, busqué sus últimos mensajes de WhatsApp y en ellos encontré presencia. En los momentos más importantes de mis últimos tiempos, supo transmitirme lo que era él: cercanía, positivismo y ese humor suyo tan fino e inteligente; como cuando le preguntaba por teléfono: “¿Puedes atenderme ahora?” y me respondía riendo: “Un segundo”.
Esta ha sido una semblanza rápida de mi “hermano” Segundo. Seguro que, con más sosiego, vendrían a mi mente muchas anécdotas vividas en esa amistad con pausas, pero sólida y de verdad. Quede esta nota, por lo pronto, como testimonio de mi cariño.
Nuestro Querido Segundo Díaz Santana
El Sínodo Diocesano: el Vaticano II hecho realidad en nuestra tierra
Uno de los momentos en los que más brilló su capacidad para "aterrizar" la teología fue durante el Sínodo Diocesano de Canarias (1992). Segundo fue perito y presidente de la primera comisión, y su liderazgo fue fundamental para que aquel evento no se quedara en papel mojado. Bajo el lema "Nuestra Iglesia diocesana, misterio de comunión", él coordinó el trabajo sinodal, logrando que la profunda reflexión del Concilio Vaticano II se hiciera carne en la realidad de nuestra Diócesis.
Nos enseñó que la eclesiología de comunión no era una teoría abstracta, sino la clave para entender y vivir nuestra Iglesia local. Nos impulsó a asumir la riqueza doctrinal del Vaticano II para responder a los desafíos de nuestro tiempo. Gracias a su visión, el Sínodo promovió la corresponsabilidad de todos los bautizados, dio visibilidad a los laicos y potenció el papel de la mujer en los organismos diocesanos.
Para Segundo, el Sínodo no era solo una reunión, sino una verdadera "mística y espiritualidad" de caminar juntos, vitalizando las estructuras pastorales para las décadas venideras. Él fue, sin duda, uno de los colaboradores de que el espíritu conciliar echara raíces profundas en nuestra Iglesia canaria.
La Cuestión Social y los Pobres: la Lección de Monseñor Pildain
Su compromiso con la Iglesia local y su sensibilidad por los más vulnerables tenía raíces profundas, y una de ellas fue su fascinación por Monseñor Antonio Pildain y Zapiain. Su tesis doctoral fue un estudio exhaustivo sobre este gran obispo canario (1937-1966).
Segundo nos hizo redescubrir a Pildain como un auténtico "Pastor amante de los pobres". Nos mostró cómo para Pildain, la solicitud por los necesitados no era una opción, sino una característica esencial de la verdadera Iglesia de Cristo. Recuerdo cómo nos hablaba de la valentía de Pildain al denunciar las injusticias sociales y su empeño en conocer la realidad de la pobreza "con caracteres de fuego" en el corazón de los sacerdotes.
Esta sensibilidad social de Pildain, que Segundo estudió con rigor académico, marcó profundamente su propia teología, vinculando la eclesiología con la praxis de la caridad y la justicia. Para él, el magisterio de Pildain era un valioso antecedente de la "Iglesia de los pobres" que nos propuso el Papa Francisco.
El Pensamiento Teológico: la Estela Viva del Vaticano II
El corazón de su pensamiento teológico latía al ritmo de la "estela" del Concilio Vaticano II. Para Segundo, el Concilio no era un evento del pasado, sino un "rastro que deja tras de sí un objeto en movimiento", una fuerza dinámica que debía seguir guiando a la Iglesia. Nos enseñó que el Vaticano II fue un "esfuerzo sincero y serio" por responder a las preguntas de la modernidad, marcando el paso de una Iglesia defensiva a una que usaba la "medicina de la misericordia”.
Nos recordaba constantemente la "revolución copernicana" de la Lumen Gentium, que sitúa el capítulo sobre el Pueblo de Dios antes que el de la jerarquía, una "revolución mental constante" que nos obligaba a entender la jerarquía como un servicio al pueblo.
Para Segundo, ser fiel al Concilio significaba estar siempre atentos a los signos de los tiempos, porque "la Iglesia no puede responder hoy con la misma respuesta que dio hace medio siglo". Él nos impulsaba a buscar "nuevos lenguajes" y una "nueva hermenéutica" para que el mensaje de Jesús llegara al corazón del hombre contemporáneo.
Nuestro Amigo: cercanía y Sentido del Humor
Además de su intensa labor académica, Segundo desempeñó con dedicación el cargo de Delegado Episcopal de la Vida Consagrada. Fue un guía y un puente para las comunidades religiosas, siempre promoviendo la fidelidad al carisma original en diálogo con las necesidades actuales.
Pero más allá de sus títulos y cargos, lo que más atesoraré de Segundo es su humanidad excepcional. Su cercanía y su capacidad para establecer relaciones auténticas eran rasgos distintivos. A pesar de su vasta erudición, nunca fue distante; al contrario, siempre estaba dispuesto a escuchar, a dialogar y a compartir su conocimiento con humildad y generosidad.
Su gran sentido del humor era una de sus marcas más entrañables. Era capaz de iluminar cualquier conversación o clase con una anécdota ingeniosa o un comentario perspicaz, demostrando que la seriedad de la teología no estaba reñida con la alegría y la ligereza del espíritu.
Con él, aprendimos que la fe se vive con alegría y que el Evangelio es siempre una buena noticia.
Un abrazo amigo.
Francisco Javier López Armas
Con el corazón triste, pero lleno de gratitud, escribo estas líneas para despedir a mi querido profesor y amigo, el sacerdote diocesano Segundo Díaz Santana. Ayer, la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria se quedó un poco más huérfana con su partida, tras una larga enfermedad. Para quienes tuvimos la inmensa fortuna de cruzar nuestros caminos con él, su ausencia deja un vacío que solo puede llenarse con el recuerdo de su sabiduría, su fe inquebrantable y, sobre todo, su inmensa humanidad.
Debió ser el 19 de diciembre pasado cuando pude compartir con él, por última vez, una charla sobre nuestro interés común por la Teología y la vida de nuestra Iglesia. Y Segundo, con su sonrisa cordial, con una voz tenue, serena y acogedora, con el brillo en su mirada, me seguía animando al estudio, a la reflexión y a la comunión.
Persona despierta y abierta, de gran cultura y cercanía, un intelectual de talla que sabía combinar la hondura teológica con una sonrisa cómplice y un agudo sentido del humor que hacía la vida más ligera y la fe más alegre.
Desde la reflexión eclesiológica era capaz de abrirnos las puertas a un mundo de pensamiento profundo, fue un maestro inspirador que nos desafiaba a pensar por nosotros mismos, y un incansable promotor de la visión del Concilio Vaticano II que nos enseñó a amar una Iglesia en constante renovación.
Su vida fue un testimonio vivo de cómo la inteligencia y el corazón pueden ir de la mano.
Con el corazón triste, pero lleno de gratitud, escribo estas líneas para despedir a mi querido profesor y amigo, el sacerdote diocesano Segundo Díaz Santana. Ayer, la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria se quedó un poco más huérfana con su partida, tras una larga enfermedad. Para quienes tuvimos la inmensa fortuna de cruzar nuestros caminos con él, su ausencia deja un vacío que solo puede llenarse con el recuerdo de su sabiduría, su fe inquebrantable y, sobre todo, su inmensa humanidad.
Debió ser el 19 de diciembre pasado cuando pude compartir con él, por última vez, una charla sobre nuestro interés común por la Teología y la vida de nuestra Iglesia. Y Segundo, con su sonrisa cordial, con una voz tenue, serena y acogedora, con el brillo en su mirada, me seguía animando al estudio, a la reflexión y a la comunión.
Persona despierta y abierta, de gran cultura y cercanía, un intelectual de talla que sabía combinar la hondura teológica con una sonrisa cómplice y un agudo sentido del humor que hacía la vida más ligera y la fe más alegre.
Desde la reflexión eclesiológica era capaz de abrirnos las puertas a un mundo de pensamiento profundo, fue un maestro inspirador que nos desafiaba a pensar por nosotros mismos, y un incansable promotor de la visión del Concilio Vaticano II que nos enseñó a amar una Iglesia en constante renovación.
Su vida fue un testimonio vivo de cómo la inteligencia y el corazón pueden ir de la mano.
Maestro: Las Aulas del ISTIC y el Seminario
Recuerdo con especial cariño sus clases de eclesiología en el Instituto Superior de Teología de las Islas Canarias (ISTIC). Durante años, por sus aulas pasamos incontables generaciones de sacerdotes y laicos, y cada uno de nosotros lleva hoy un pedacito de su magisterio.
Segundo no se limitaba a impartir conocimientos; nos invitaba a la reflexión crítica, al discernimiento y a la encarnación de la fe en la realidad que nos rodeaba. Él nos enseñó a ver la Iglesia no como una fortaleza inexpugnable, sino como un Pueblo de Dios en camino, siempre llamado a la misión evangelizadora.
Su influencia en el Seminario Diocesano de Las Palmas fue incalculable. Nos ayudó a forjar nuestro carácter pastoral, a entender que la doctrina no es un fin en sí misma, sino una herramienta para servir. Pero su labor iba mucho más allá de los muros académicos. Fue un formador de laicos incansable, acompañándonos en nuestro crecimiento en la fe y en nuestro compromiso con la Iglesia y la sociedad. Tenía una capacidad asombrosa para hacer accesible la teología, para desgranar los misterios de la fe con una claridad y una pasión que nos contagiaba a todos.
Su cercanía y su habilidad para conectar con personas de todas las edades y trasfondos (recordamos su gran labor a cargo de la pastoral de personas con discapacidad auditiva) le permitieron sembrar semillas de fe y conocimiento en cada rincón de nuestra comunidad canaria.
Recuerdo con especial cariño sus clases de eclesiología en el Instituto Superior de Teología de las Islas Canarias (ISTIC). Durante años, por sus aulas pasamos incontables generaciones de sacerdotes y laicos, y cada uno de nosotros lleva hoy un pedacito de su magisterio.
Segundo no se limitaba a impartir conocimientos; nos invitaba a la reflexión crítica, al discernimiento y a la encarnación de la fe en la realidad que nos rodeaba. Él nos enseñó a ver la Iglesia no como una fortaleza inexpugnable, sino como un Pueblo de Dios en camino, siempre llamado a la misión evangelizadora.
Su influencia en el Seminario Diocesano de Las Palmas fue incalculable. Nos ayudó a forjar nuestro carácter pastoral, a entender que la doctrina no es un fin en sí misma, sino una herramienta para servir. Pero su labor iba mucho más allá de los muros académicos. Fue un formador de laicos incansable, acompañándonos en nuestro crecimiento en la fe y en nuestro compromiso con la Iglesia y la sociedad. Tenía una capacidad asombrosa para hacer accesible la teología, para desgranar los misterios de la fe con una claridad y una pasión que nos contagiaba a todos.
Su cercanía y su habilidad para conectar con personas de todas las edades y trasfondos (recordamos su gran labor a cargo de la pastoral de personas con discapacidad auditiva) le permitieron sembrar semillas de fe y conocimiento en cada rincón de nuestra comunidad canaria.
El Sínodo Diocesano: el Vaticano II hecho realidad en nuestra tierra
Uno de los momentos en los que más brilló su capacidad para "aterrizar" la teología fue durante el Sínodo Diocesano de Canarias (1992). Segundo fue perito y presidente de la primera comisión, y su liderazgo fue fundamental para que aquel evento no se quedara en papel mojado. Bajo el lema "Nuestra Iglesia diocesana, misterio de comunión", él coordinó el trabajo sinodal, logrando que la profunda reflexión del Concilio Vaticano II se hiciera carne en la realidad de nuestra Diócesis.
Nos enseñó que la eclesiología de comunión no era una teoría abstracta, sino la clave para entender y vivir nuestra Iglesia local. Nos impulsó a asumir la riqueza doctrinal del Vaticano II para responder a los desafíos de nuestro tiempo. Gracias a su visión, el Sínodo promovió la corresponsabilidad de todos los bautizados, dio visibilidad a los laicos y potenció el papel de la mujer en los organismos diocesanos.
Para Segundo, el Sínodo no era solo una reunión, sino una verdadera "mística y espiritualidad" de caminar juntos, vitalizando las estructuras pastorales para las décadas venideras. Él fue, sin duda, uno de los colaboradores de que el espíritu conciliar echara raíces profundas en nuestra Iglesia canaria.
La Cuestión Social y los Pobres: la Lección de Monseñor Pildain
Su compromiso con la Iglesia local y su sensibilidad por los más vulnerables tenía raíces profundas, y una de ellas fue su fascinación por Monseñor Antonio Pildain y Zapiain. Su tesis doctoral fue un estudio exhaustivo sobre este gran obispo canario (1937-1966).
Segundo nos hizo redescubrir a Pildain como un auténtico "Pastor amante de los pobres". Nos mostró cómo para Pildain, la solicitud por los necesitados no era una opción, sino una característica esencial de la verdadera Iglesia de Cristo. Recuerdo cómo nos hablaba de la valentía de Pildain al denunciar las injusticias sociales y su empeño en conocer la realidad de la pobreza "con caracteres de fuego" en el corazón de los sacerdotes.
Esta sensibilidad social de Pildain, que Segundo estudió con rigor académico, marcó profundamente su propia teología, vinculando la eclesiología con la praxis de la caridad y la justicia. Para él, el magisterio de Pildain era un valioso antecedente de la "Iglesia de los pobres" que nos propuso el Papa Francisco.
El Pensamiento Teológico: la Estela Viva del Vaticano II
El corazón de su pensamiento teológico latía al ritmo de la "estela" del Concilio Vaticano II. Para Segundo, el Concilio no era un evento del pasado, sino un "rastro que deja tras de sí un objeto en movimiento", una fuerza dinámica que debía seguir guiando a la Iglesia. Nos enseñó que el Vaticano II fue un "esfuerzo sincero y serio" por responder a las preguntas de la modernidad, marcando el paso de una Iglesia defensiva a una que usaba la "medicina de la misericordia”.
Nos recordaba constantemente la "revolución copernicana" de la Lumen Gentium, que sitúa el capítulo sobre el Pueblo de Dios antes que el de la jerarquía, una "revolución mental constante" que nos obligaba a entender la jerarquía como un servicio al pueblo.
Para Segundo, ser fiel al Concilio significaba estar siempre atentos a los signos de los tiempos, porque "la Iglesia no puede responder hoy con la misma respuesta que dio hace medio siglo". Él nos impulsaba a buscar "nuevos lenguajes" y una "nueva hermenéutica" para que el mensaje de Jesús llegara al corazón del hombre contemporáneo.
Nuestro Amigo: cercanía y Sentido del Humor
Además de su intensa labor académica, Segundo desempeñó con dedicación el cargo de Delegado Episcopal de la Vida Consagrada. Fue un guía y un puente para las comunidades religiosas, siempre promoviendo la fidelidad al carisma original en diálogo con las necesidades actuales.
Pero más allá de sus títulos y cargos, lo que más atesoraré de Segundo es su humanidad excepcional. Su cercanía y su capacidad para establecer relaciones auténticas eran rasgos distintivos. A pesar de su vasta erudición, nunca fue distante; al contrario, siempre estaba dispuesto a escuchar, a dialogar y a compartir su conocimiento con humildad y generosidad.
Su gran sentido del humor era una de sus marcas más entrañables. Era capaz de iluminar cualquier conversación o clase con una anécdota ingeniosa o un comentario perspicaz, demostrando que la seriedad de la teología no estaba reñida con la alegría y la ligereza del espíritu.
Con él, aprendimos que la fe se vive con alegría y que el Evangelio es siempre una buena noticia.
Un abrazo amigo.
Cristobal Déniz: "Ha sido un apóstol de la comunión"
La Provincia
"Para una parte importante delclero de la Diócesis ha sido un maestro y, al a vez, un hermano y un amigo", comentó el obispo Cristobal Déniz, tras conocer la muerte de Segundo Díaz. "Como teólogo y eclesiólogo de la comunión ha sido un profeta, un apóstol, y un hombre que ha intentado vivir la Iglesia desde los acentos del Vaticano II. Ha cuerdo expresar la cercanía del amor De Dios a su pueblo incondicionalmente".
Agradecimiento y reconocimiento de un jesuita a Segundo Díaz
Esteban Velázquez Guerra
Acabo de enterarme de su fallecimiento. Creo que lo mínimo que debo hacer es poner por escrito lo mucho e intenso que siento en estos momentos de agradecimiento a él. De hecho, estas navidades, en mi habitual viaje navideño a mi tierra canaria, fui a verlo a la residencia sacerdotal. Era una lógica y natural consecuencia y expresión de la amistad y la positiva valoración mutua que siempre nos tuvimos.
Pero quiero limitarme en este escrito a un aspecto de su rica trayectoria que quizás no sea tan públicamente conocido o dado a conocer: su amistad y la estrecha colaboración mutua entre él y los jesuitas. Me refiero al menos a dos hechos:
Acabo de enterarme de su fallecimiento. Creo que lo mínimo que debo hacer es poner por escrito lo mucho e intenso que siento en estos momentos de agradecimiento a él. De hecho, estas navidades, en mi habitual viaje navideño a mi tierra canaria, fui a verlo a la residencia sacerdotal. Era una lógica y natural consecuencia y expresión de la amistad y la positiva valoración mutua que siempre nos tuvimos.
Pero quiero limitarme en este escrito a un aspecto de su rica trayectoria que quizás no sea tan públicamente conocido o dado a conocer: su amistad y la estrecha colaboración mutua entre él y los jesuitas. Me refiero al menos a dos hechos:
1) fue el responsable de los seminaristas canarios en la época que los seminaristas estudiaron en la Facultad de Teología de Granada en los años 70 del pasado siglo. Lo estoy “viendo” en mi mente en las no pocas conversaciones que tuvimos en los pisos donde se alojaban los seminaristas canarios en al Paseo de Cartuja. El entendimiento fue excelente entre él y nosotros. Lógico porque, entre otra cosas, Segundo fue siempre un “hombre puente” no solo entre los jesuitas y la diócesis sino en otras muchas situaciones y coyunturas
2) Posteriormente (a partir de 1976) cuando un grupo de jesuitas creamos una comunidad estable en la Isleta y nos ofrecimos a la diócesis para los trabajos pastorales que allí nos encomendaran, Segundo fue siempre un amigo cercano con todos nosotros. Un magnifico interlocutor que hizo aún más positiva aquella preciosa colaboración que duró 26 años y por la que pasamos muchos jesuitas, no pocos ya fallecidos (Fernando Motas, Luis Espina, Jaime Llinares, Luis Aparicio, Juan Luis Veza, Lucas López, Ángel Martin. Juan Pablo Rodríguez, Emilio Cuevas, Antonio Viana etc. ) . No recuerdo si Segundo era aún rector del seminario cuando mandaron varios seminaristas a colaborar pastoralmente con nosotros los fines de semana (Jorge Hernández Duarte, Cristóbal Déniz etc) pero estoy seguro que su opinión favorable a dicha colaboración influyó en que se diera.
Que menos, querido Segundo, que darte públicamente las gracias por tu talante y tu papel de facilitador y actor principal de una de las épocas de más directa, intensa y positiva colaboración entre la Compañía de Jesús y la Diócesis de Canarias tanto en la pastoral directa en la diócesis como en la formación teológica de los seminaristas.
Que menos, querido Segundo, que darte públicamente las gracias por tu talante y tu papel de facilitador y actor principal de una de las épocas de más directa, intensa y positiva colaboración entre la Compañía de Jesús y la Diócesis de Canarias tanto en la pastoral directa en la diócesis como en la formación teológica de los seminaristas.
Otros muchos artículos se podrían escribir sobre tu aportación en otros variados terrenos teológicos, pastorales y culturales (acompañamiento personal, reflexión teológica, puente con la cultura contemporánea…). Lo que he descrito es una mínima parte de tu enorme colaboración a una Iglesia dialogante y a una sociedad justa y reflexiva. Pero es la parte que más me corresponde a mí, como jesuita, agradecerte públicamente
jueves, 8 de enero de 2026
POLICARPO DELGADO EN LA MEMORIA - (19-2-1049/11-1-2016)
miércoles, 18 de septiembre de 2024
viernes, 19 de agosto de 2022
Miguel Concepción se hace la foto junto al Papa
No es el primer empresario con importantes problemas de imagen que se cuela en el Vaticano. El constructor todopoderoso -como tantos otros- utiliza la presidencia de un club de fútbol.
sábado, 11 de septiembre de 2021
Antonio Berriel y el amor a la Iglesia esposa
Eugenio A. Rodríguez
(pinchar aquí para ver el escrito de Suso Vega)
Para mí la amistad con Antonio era un poco inexplicable, tenía algo de misterio. Éramos de ideas muy diferentes. Para mí era conservador, supereducado, muy del Vaticano II pero sin pasarse, de cero estridencias, de excesivo formalismo en la liturgia. Lo hablamos cientos de veces. Sus amigos bromeaban: “Te cambia la voz cuando celebras cualquier acto litúrgico”. El sonreía mientras hacía una mueca cómplice: “No puedo hacerlo de otra manera”
Y sin embargo gocé mucho de su amistad. Por eso, no siendo yo de sus amigos íntimos, por edad y trayectoria, creo que puedo afirmar que estos años gozamos de alguna manera de amistad. Compartíamos a fondo el deseo de evangelizar, de llegar a otros, también de no echar a nadie, de que todos crecieran. El que quisiera dar 100 que diera 100. El que quisiera dar uno que diera uno. Pastoral de oferta, de seducción, de promoción a la medida del amor del creyente.
Cuando pocos curas creían que la diócesis tuviera que tener institutos diocesanos él se planteaba alguna forma de presencia en el instituto que estaba en su parroquia, santa Isabel de Hungría y echaba mano de mí por ser más joven. Normalmente aceptaba mis propuestas con alegría. Antonio tenía un espíritu misionero, quizá tocado por aquella mentalidad de “conquista” procedente de los tiempos de Pío XII.
Cuando pocos curas creían que la diócesis tuviera que tener institutos diocesanos él se planteaba alguna forma de presencia en el instituto que estaba en su parroquia, santa Isabel de Hungría y echaba mano de mí por ser más joven. Normalmente aceptaba mis propuestas con alegría. Antonio tenía un espíritu misionero, quizá tocado por aquella mentalidad de “conquista” procedente de los tiempos de Pío XII.
Cuando hice 25 años de cura elegí como “tema” del aniversario un texto de Rahner que Antonio regalaba a todos los padres que pedían el Bautismo para sus hijos. Le agradecí mucho que lo compartiera. Era un poco conocido comentario al encuentro de Jesús con la mujer adúltera en que comparaba a ésta con la Iglesia, acusada por los fariseos de todos los tiempos y cuyo final Antonio repetía enfáticamente de memoria: “¿Todos los acusadores se han ido? Y besándola en la frente le dijo: Pues tampoco yo te condeno, Iglesia mía, esposa santa”. https://antigonahoy.blogspot.com/2013/02/iglesia-de-pecadores.html
A mí me parece que el trasfondo de muchas de sus expresiones era esta esponsalidad con la Iglesia. En un retiro el obispo Cases afirmó, aunque poniéndolo entre interrogantes, que de alguna manera también la pastoral tenía que tener eficacia y tener algunos criterios “empresariales”. En el diálogo Antonio aportó que debían quitarse los interrogantes, que sí, que había que ser más eficaz; creo que tras esa expresión había una profunda caridad pastoral. Cuando el Consejo económico de su parroquia le conminaba para que usara el garaje de la casa parroquial para su coche, él decía que no quería cargar a la parroquia con la tasa del vado. A mí esto me parecía una hermosa concreción de esa esponsalidad. Antonio dejó por la Iglesia muchas costumbres vinculadas a su origen social que no le parecían propias de un cura.
Antonio sabía tender puentes cotidianos. Lo vi muchas veces. Una vez le dije reiteradamente al obispo que una cosa que decía era “mentira”. En la hora del café se las arregló para ponernos juntos y sonriendo bromear: “Ustedes los peninsulares es que no saben sino guerrear… En Canarias hablamos de otra manera y no decimos la palabra mentira”. Lo más divertido fue que esa misma tarde el decía la misma palabra a unas cuantas a la puerta de los salones parroquiales, aunque sí que lo hizo de manera más suave. Años después nos seguíamos riendo de lo ocurrido.
No otra cosa que el amor a la Iglesia le llevó a aceptar el nombramiento (un “descenso” para muchos) por el que salió de una parroquia destacada en Las Palmas hacia el Sureste de la isla. Él había afirmado su disponibilidad y estaba dispuesto a ponerla en juego. El amor no quita que pueda ser duro y unos amigos le acompañamos en otro coche a su nueva casa donde compartimos sencilla y agradable cena. Al poco tiempo su entrega pastoral seguía siendo la de siempre.
La gran pasión intelectual de Antonio era la filología y con ella disfrutaba enormemente. Quería y practicaba una proclamación del evangelio con palabras entendibles para el pueblo. Muchas comidas de la residencia de Escaleritas, Antonio Parrilla y él hasta discutían cuando una de las palabras que se proponían eran más o menos majoreras o conejeras. Quizás muchos no sepan que también disfrutaba mucho con los textos del Nuevo Testamento en griego: “La palabra ‘teknon’ de ese texto se refiere realmente a un adolescente”, por ejemplo.
Otro gran tema de lectura para él era la profundización en la liturgia, centrado en el sentido y no tanto en las rúbricas aunque generalmente las respetaba. En su penúltima convalecencia disfrutó con Aldazabal y pidió que le encontráramos un clásico superagotado de Jungmann, El sacrificio de la Misa. Se lo regalaron en su parroquia de santa Teresita. Nos iba contando a todos sus descubrimientos con gran alegría.
Antonio sabía criticar y aceptaba ser criticado. No sé si eso es la “infancia espiritual” pero tengo la impresión de que sí. Bromeaba críticamente con cualquier comentario o hecho “progre” de sus amigos (y hasta de sí mismo en otras épocas) y a mí me hacia aterrizar continuamente (“Sí, todo eso está muy bien, pero ¿cómo va en tu parroquia?).
A mí me parece que el trasfondo de muchas de sus expresiones era esta esponsalidad con la Iglesia. En un retiro el obispo Cases afirmó, aunque poniéndolo entre interrogantes, que de alguna manera también la pastoral tenía que tener eficacia y tener algunos criterios “empresariales”. En el diálogo Antonio aportó que debían quitarse los interrogantes, que sí, que había que ser más eficaz; creo que tras esa expresión había una profunda caridad pastoral. Cuando el Consejo económico de su parroquia le conminaba para que usara el garaje de la casa parroquial para su coche, él decía que no quería cargar a la parroquia con la tasa del vado. A mí esto me parecía una hermosa concreción de esa esponsalidad. Antonio dejó por la Iglesia muchas costumbres vinculadas a su origen social que no le parecían propias de un cura.
Antonio sabía tender puentes cotidianos. Lo vi muchas veces. Una vez le dije reiteradamente al obispo que una cosa que decía era “mentira”. En la hora del café se las arregló para ponernos juntos y sonriendo bromear: “Ustedes los peninsulares es que no saben sino guerrear… En Canarias hablamos de otra manera y no decimos la palabra mentira”. Lo más divertido fue que esa misma tarde el decía la misma palabra a unas cuantas a la puerta de los salones parroquiales, aunque sí que lo hizo de manera más suave. Años después nos seguíamos riendo de lo ocurrido.
No otra cosa que el amor a la Iglesia le llevó a aceptar el nombramiento (un “descenso” para muchos) por el que salió de una parroquia destacada en Las Palmas hacia el Sureste de la isla. Él había afirmado su disponibilidad y estaba dispuesto a ponerla en juego. El amor no quita que pueda ser duro y unos amigos le acompañamos en otro coche a su nueva casa donde compartimos sencilla y agradable cena. Al poco tiempo su entrega pastoral seguía siendo la de siempre.
La gran pasión intelectual de Antonio era la filología y con ella disfrutaba enormemente. Quería y practicaba una proclamación del evangelio con palabras entendibles para el pueblo. Muchas comidas de la residencia de Escaleritas, Antonio Parrilla y él hasta discutían cuando una de las palabras que se proponían eran más o menos majoreras o conejeras. Quizás muchos no sepan que también disfrutaba mucho con los textos del Nuevo Testamento en griego: “La palabra ‘teknon’ de ese texto se refiere realmente a un adolescente”, por ejemplo.
Otro gran tema de lectura para él era la profundización en la liturgia, centrado en el sentido y no tanto en las rúbricas aunque generalmente las respetaba. En su penúltima convalecencia disfrutó con Aldazabal y pidió que le encontráramos un clásico superagotado de Jungmann, El sacrificio de la Misa. Se lo regalaron en su parroquia de santa Teresita. Nos iba contando a todos sus descubrimientos con gran alegría.
Antonio sabía criticar y aceptaba ser criticado. No sé si eso es la “infancia espiritual” pero tengo la impresión de que sí. Bromeaba críticamente con cualquier comentario o hecho “progre” de sus amigos (y hasta de sí mismo en otras épocas) y a mí me hacia aterrizar continuamente (“Sí, todo eso está muy bien, pero ¿cómo va en tu parroquia?).
Me sorprendía la limpieza con que se dejaba criticar. Cuando se volvió a abrir santa Isabel hizo el elogio de todos los que habían colaborado y terminó con un “y finalmente a Dios…”. Sarito (casi una hermana para él) me dijo al acabar: “vaya cara de disgusto tenías”. Al día siguiente le dije si el monto de la deuda le obligaba a poner el último al primero; aceptó la crítica con total deportividad. Mi sorpresa fue mayúscula cuando en la reapertura de santa Teresita en la acción de gracias empezó diciendo: “Primero a Dios…”. Y es que Antonio sabía escuchar. Y escuchar a todos. También a alguien (como era mi caso) mucho más joven que él y no solo con menos curriculum pastoral sino mucho peor, porque la vida pastoral de Berriel ha sido objetivamente muy fecunda. Damos gracias a Dios por haber conocido a alguien que encarnó una enorme fecundidad precisamente porque fue una persona que sabía ESCUCHAR.
viernes, 10 de septiembre de 2021
FALLECIÓ ANTONIO BERRIEL SUÁREZ, SACERDOTE AMIGO
Falleció mi compañero Antonio Berriel Suárez. No es un compañero más, qué va. Falleció el amigo Antonio Berriel, el buen Antonio Berriel.
Éramos niños cuando nos conocimos en el Seminario de Las Palmas. Él venía de Antigua (Fuerteventura) y yo de Ingenio. Pronto hicimos amistad. Siempre teníamos tema de conversación porque él era muy extrovertido. No teníamos secretos. Unía un tema con otro. Y siempre con múltiples chispas de humor. Nos reíamos mucho y por eso recibimos no pocas llamadas de atención. En clase andábamos siempre mandándonos papelitos, normalmente burlándonos del profesor de turno. La dureza del seminario se hacía así más llevadera.
Tengo que decir que fue un hombre muy inteligente y de una memoria excepcional. Lo recordaba todo: lo que había leído, lo que por su cuenta había investigado y los detalles y anécdotas que habíamos vivido conjuntamente. Tenía un amor inquebrantable a su pueblo y a su tierra majorera. Y al habla canaria. Durante un tiempo reescribía el evangelio de cada domingo con palabras del vocabulario usado en nuestras Islas. Todo lo que fuera lenguaje o geografía le apasionaba. Un hombre culto, interesado por la Historia y la política. Y mucho más interesado por las personas.
Como sacerdote, destacó por el conocimiento que tenía de sus feligreses. Alguna vez me llegó a decir que los conocía prácticamente a todos y por su propio nombre. Se preocupaba de cada uno, dialogaba mucho, visitaba a las familias y procuraba atenderlas en cuanto le era posible. Yo le envidiaba en eso como en otras muchas cosas.
La amistad entre los dos hizo posible que, en la casa de mis padres él fuera uno más. Cuando no podía ir para Fuerteventura, mi casa fue siempre su casa y mi familia su familia. Lo mismo me ocurría a mí cuando viajaba a Fuerteventura.
En los últimos años, se encariñó con cultivar un poquito de tierra en Antigua. La tierra, prácticamente no le daba nada, pero como él me decía: Me enseña a pensar cómo hay que cuidar a las personas: con delicadeza, cuidando los tiempos de cada uno y dedicando mucho tiempo y cariño. Como a las plantas. Así era.
Se extasiaba ante cualquier planta. Procuraba conocer su procedencia e intentaba darle más vida en su cachito cultivable de Antigua. Así hacía también con las personas. Se encariñaba con cada parroquia. Pasaba en ella todo el día. De ninguna quería marcharse. Porque quería a la gente y compartía su vida con ellos.
Una vez, aprovechando unos impresos con el membrete del Obispado, le escribí una carta falsificando la firma del obispo Ramón Echarren. Y en ella le decía que tendría que dejar Maspalomas y El Tablero para una nueva parroquia. Cuando la recibió, antes de ir al obispado, vino a contarme, todo triste, lo de la carta. Ni que decir tiene que ese día, cuando le conté la verdad, me dijo de todo. Pero al final lo celebramos.
Antonio fue un cristiano y un cura al cien por cien, dándolo todo. Por todas las personas. En cada parroquia ha quedado su marca: Buen humor, servicio desinteresado, reflexión, organización, hombre de oración y de estudio, preparaba concienzudamente las eucaristías. Fuerteventura, El Tablero, Fataga, Doctoral, Balos, Lomo Blanco, Escaleritas y Santa Teresita en la capital grancanaria son testigos de esta verdad.
Antonio, hoy todos rezamos por ti y recordamos tu bondad, tu fe, tu alegría, tu simpatía: tu vida que ha sido un regalo de Dios para todos. Sigues siendo mi compañero inseparable, mi mejor amigo, mi modelo de pastor. Y ahora, algo más, el encargado de hablarle de nosotros a Padre Dios e interceder por todos los que aquí, tristes, hemos quedado.
Gracias, Antonio, amigo y compañero.
Jesús Vega Mesa
Gracias, Antonio, amigo y compañero.
Jesús Vega Mesa
sábado, 30 de mayo de 2020
JONATAN GARCÍA: LA ACCIÓN POLÍTICA DE LOS CRISTIANOS
La investigación llevada a cabo por el profesor del Departamento de Sociología y Trabajo Social de la UPV/EHU Jonatan García Rabadán concluye que la participación de las personas católicas practicantes de la Diócesis de Bilbao en la vida política, entendida como participación en el día a día para influir en las decisiones institucionales, está por encima de la media de las personas de la comunidad autónoma. Además esta alta participación se produce en todos los ámbitos de la sociedad; es muy activa, diversa y abierta y no se limita a votar en unas elecciones.
El profesor García Rabadán ha centrado su estudio en las asociaciones de fieles de la Diócesis de Bilbao integradas en el Consejo de Comunidades de Bizkaia y en Acción Católica. Son un total de 24 agrupaciones con aproximadamente 1.400 personas inscritas mayores de 18 años, de ellas ha entrevistado a 683 personas que constituyen una muestra suficientemente representativa y heterogénea. Esta feligresía está formada por un porcentaje similar de hombres y mujeres, de entre 35 y 65 años con estudios superiores. Es un perfil muy diferente del aportado por los estudios socio-demográficos que sobre la comunidad creyente han elaborado el Euskobarómetro o el CIS y que dibujan a una mujer mayor, sin estudios y que trabaja en casa.
Participación diversa, activa y abierta
El desarrollo de estas asociaciones religiosas se vio favorecido por la apertura que impulsó el Concilio Vaticano II (década de los 60 del siglo XX) y por los cambios vividos a finales de los años 70 y principios de los 80, años clave en el desarrollo del asociacionismo. Nacieron asociaciones más participativas que buscan el bien común social en cualquier lugar de la sociedad, y no solo en ámbitos estrictamente religiosos. “Así una persona que forma parte de una asociación de fieles puede también estar integrada en una organización política o sindical comunista o de cualquier otro signo político”, apunta el profesor.
En este sentido, la investigación ha constatado que las personas asociadas en este tipo de colectivos religiosos desarrollan un alto grado de participación: se manifiestan, firman peticiones, hacen boicot (rechazo al consumo) y buycott (consumo deliberado por motivos éticos, medios ambientales…) de productos, establecen contactos con representantes políticos y colaboran en otras asociaciones. De hecho, de media participan en otras tres asociaciones además de la propia; mientras que el promedio para un ciudadano o ciudadana vasca es de una sola asociación.
Además de la cantidad, también la variedad distingue a las personas de la feligresía de Bizkaia. No se limitan a agrupaciones católicas sino que intervienen de manera activa en asociaciones, grupos o movimientos de cualquier color. Esta circunstancia también facilita el salto a la política; y, así, entre las personas entrevistadas para la investigación, había junteros, diputados, senadores, alcaldes y representantes sindicales de diversa índole. “Todas estas personas piensan de diferente manera, pero trabajan juntas en la asociación religiosa, comparten creencias, viven su fe en comunidad y son personas muy activas a nivel individual”, subraya Jonatan García.
Habilidades religiosas
Pertenecer a una asociación favorece, además, el desarrollo de las llamadas competencias cívicas, y dota de recursos para interactuar con otras organizaciones sociales. Estas capacidades también aparecen al integrarse en una asociación de fieles; pero, en este caso, además se incorporan otras aptitudes denominadas ‘habilidades religiosas’ (Church Skill).
El concepto de ‘habilidades religiosas’ procede de los estudios realizados entre los colectivos cristianos de Estados Unidos. Son el conjunto de destrezas que complementan las capacidades cívicas de que se adquieren una asociación no religiosa. “Si en un acto religioso una persona suele salir a hablar o leer un mensaje comienza a desarrollar capacidades comunicativas. Si hay que preparar un encuentro religioso, utilizará habilidades para la organización de actos. Es decir, comienza a emplear competencias trasversales que también utilizará en otras ocasiones profesionales o personales y/o en otro tipo de asociaciones”, concluye el profesor universitario.
martes, 25 de junio de 2019
sábado, 2 de febrero de 2019
viernes, 11 de enero de 2019
Nuevo record de visitas en el Belén de Arena de Las Palmas de GC
El Belén de Arena de la Playa de Las Canteras, ha despedido la Navidad 2018 en Las Palmas de Gran Canaria con su habitual acto de entrega de donaciones solidarias. El singular nacimiento ha vuelto a cumplir las expectativas tras recibir 243.000 visitantes que han dejado una recaudación solidaria de 25.000 euros, superando los datos de la Navidad 2017, con 171. 000 visitantes y 18.000 euros.
viernes, 14 de diciembre de 2018
Primer retiro Emaús en Canarias
lunes, 20 de octubre de 2014
sábado, 18 de octubre de 2014
miércoles, 2 de abril de 2014
La preocupación mediática por las homilías ¿neofranquismo?
¿Pero no decían que era irrelevante lo que diga la Iglesia? Ya a Franco le preocuparon las homilías y sus acólitos se posesionaban tras oírlas. El afán de opinar sobre las homilías de Rouco ha llegado a Canarias ¿no habrá otros temas?Buen rebuzno el de Morgan metiéndose con Rouco. ¿Esto no es un ataque a la libertad de expresión?
martes, 28 de febrero de 2012
Cardenal MARADIAGA en Gran Canaria
CON CABEZA: "La Iglesia atiende al 27% de las víctimas del SIDA y los organismos internacionales le dan el 2% de los recursos que dedican a las víctimas del SIDA"
jueves, 23 de febrero de 2012
CÁRITAS Y LA CRUZ
José S. Mujica (Canarias7)
Cáritas es, posiblemente, la institución española que con más eficacia combate la pobreza. Sus méritos son innegables y su capacidad de sacrificio es sinónimo de éxito y reconocimiento social. Ahora bien, me pregunto con angustia por qué Cáritas renuncia a su derecho a mostrar la imagen de la Cruz para espetarle a la opinión pública que se trata una organización de la Iglesia Católica y que la base de su carisma es la creencia en Jesús, en su misterio de muerte y resurrección como hijo de Dios. En el sermón de la Semana Santa de 2011, el obispo de la Diócesis de Canarias, Francisco Cases, exigió a los feligreses una obediencia de fe: «Oídos a la Palabra y ojos a la Cruz». Pero a la hora de rentabilizar los réditos de una gestión como la de Cáritas, la Pastoral del obispo carece de sentido. En la información que distribuyó este miércoles la agencia Efe, sobre el informe de Exclusión y desarrollo social 2012, la palabra Iglesia solo aparece una vez. Pero es que en un acto de apoyo del Club Náutico a Cáritas en Las Palmas, el símbolo del cristianismo brilla por su ausencia y, si se atiende al contenido de la fotografía, es imposible vincular a Cáritas con el Catolicismo. ¿A qué responde el olvido? ¿Es premeditado? ¿Por qué ese permanente complejo? Benedicto XVI proclamó 2012 como el Año de la Fe y Cáritas es un instrumento que ha de promover a Cristo. Imaginen cómo diseñaría la campaña de asistencia a los pobres, un partido político, una fundación o una asociación cultural; inculcaría unos valores basados en admitir quién y para qué se gestiona esa acción social con los más desfavorecidos. Y, desde luego, lanzaría a los cuatro vientos su logotipo, liderazgo y razón de ser. En su libro Jesús de Nazareth, el Papa se pregunta: «¿Qué trajo Jesús al mundo si no trajo la paz, el bienestar y un mundo mejor?». El Santo Padre lo tituliza: «Trajo a Dios». Más adelante, vuelve a reflexionar: «En la lucha con Satanás, venció Jesús: frente a la divinización fraudulenta del poder y del bienestar, frente a la promesa mentirosa de un futuro que, a través de la economía, garantiza todo a todos, frente a la invitación de adorar el poder, el Señor pronuncia unas palabras del Deuteronomio: 'Al Señor tu Dios adorarás y a él solo darás culto'». Cáritas no puede permitirse el lujo de omitir a Cristo en público. Disfruta de una enorme responsabilidad como para que la Iglesia, acuciada por una grave crisis de credibilidad y respeto, pase de puntillas cuando se trata de los más necesitados.
martes, 21 de febrero de 2012
domingo, 20 de junio de 2010
HASTA MAÑANA EN EL ALTAR
Las Palmas
A.M.Rodriguez
Ángel Rodríguez fue párroco en Valsequillo y en el barrio de Pedro Hidalgo, y dedicó gran parte de su vida a las Juventudes Obreras Católicas (JOC). También ejerció como capellán del hospital Materno Infantil de Las Palmas de Gran Canaria. El pasado viernes nos ha dejado un amigo que se ha ido con el Padre. Amigo Ángel, ya que te has ido con Él espero que te abra las puertas como tu lo hiciste en el tiempo que estuviste entre nosotros, con las personas que se te acercaban y como amigo. Es una pena que nos haya dejado, pero seguro que desde el cielo estará rezando por nosotros.
Hasta mañana en el altar
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