domingo, 2 de agosto de 2026

COGER LA BANDEJA PARA SERVIR


Como sociedad somos responsables de que el abandono escolar suceda. Estamos obligados a dar respuestas a estas situaciones estructurales antes de que un joven tome la decisión de abandonar el aula y su formación.

No vale parchear con apoyo económico a las familias que viven al límite. La situación de precariedad laboral y salarial influye mucho fruto de un modelo económico en desequilibrio permanente, bajo la anomalía de la dependencia del sector de servicios turísticos.

Un país sin jóvenes adecuadamente formados no puede avanzar hacia un equilibrio económico. No basta con contemplar becas suficientes, transporte y alojamiento para quienes necesitan estudiar fuera de su isla si luego no puede desempeñarse en su ámbito formativo.

Hemos de avanzar en orientación laboral, refuerzo educativo y una #FormaciónProfesional moderna, vinculada no solo al turismo, sino también a la tecnología, servicios financieros, a la energía, a la pequeña industria especializada, al comercio exterior, al desarrollo portuario y aeroportuario , impulsar el necesario sector primario, los cuidados y la economía del conocimiento,.......

No basta con pedir al alumnado que resista cuando en sus hogares hay necesidades económicas. Tenemos la obligación de construir las condiciones que le permitan desarrollarse y mirar al futuro con optimismo y dignidad.

Canarias registra un 15,9 % de abandono educativo temprano entre la población de 18 a 24 años, frente al 12,8 % del Estado , y ocupa la segunda peor posición como país dentro del Estado de España .

La facilidad para acceder rápidamente a trabajos temporales de baja remuneración y escasa poder adquisitivo con escasa exigencia formativa en la hostelería y el turismo actúa como una salida inmediata para jóvenes cuyas familias necesitan ingresos.

Pero lo que parece una oportunidad puede convertirse en una trampa de largo recorrido.

El problema no es coger una bandeja para servir. Todo trabajo digno merece nuestro respeto. El problema aparece cuando la pobreza obliga a cambiar formación por supervivencia, cuando la necesidad decide antes que la vocación y cuando nuestra economía ofrece a la juventud más puertas para servir que oportunidades para investigar, crear, emprender, producir conocimiento o desarrollar profesiones cualificadas.

No culpemos a los jóvenes por aceptar el empleo que tienen delante. Hagamos autocrítica como sociedad.

Durante décadas hemos normalizado un modelo que bate récords turísticos mientras mantiene bajos salarios, temporalidad, escasas posibilidades de progresión profesional y una limitada capacidad para generar valor añadido.

Después nos sorprendemos cuando una parte del alumnado concluye que estudiar durante años no garantiza una vida mejor.

La pobreza no solo reduce la renta familiar. Reduce el tiempo disponible, la concentración, las expectativas y hasta nuestra posibilidad de imaginar otro futuro.

En un hogar pendiente del alquiler, la alimentación o la factura eléctrica, continuar estudiando puede percibirse como un lujo. Esa necesidad de supervivencia inmediata termina alimentando nuestra dependencia económica futura con menor cualificación, menor productividad, salarios más bajos y mayor vulnerabilidad ante cualquier crisis turística.

Seguimos inmersos en la rueda de la dependencia que arrastra a la pobreza social de mera supervivencia. Estamos creando pobreza presente y futura. Sin ofrecer alternativas de oportunidades de progreso.

Necesitamos cumplir de manera efectiva el compromiso legal de destinar al menos el 5 % del PIB a la educación, reforzar las políticas contra la pobreza infantil y diversificar nuestra economía mediante empleos cualificados, estables y capaces de aportar valor.

La educación debe ser política de país irrenunciable. Quien no invierte en educación con garantías y planificación de futuro, condena a su población a la pobreza ,a la supervivencia , a la dependencia y a la sumisión.

No estamos únicamente ante una emergencia educativa. Estamos tomando una decisión sobre el país que tendremos dentro de veinte años.

Cuando empujamos a nuestros jóvenes a abandonar los estudios para ayudar en casa, no estamos ganando profesionales formados para impulsar economicamente el país, lo que estaremos haciendo es hipotecando talento, bienestar y futuro de la población canaria.

Ricardo González Roca Fonteneau
www.liberacioncanaria.org
contacto@liberacioncanaria.org
Liberación Canaria