jueves, 19 de febrero de 2026
"TENGO SED", UN LIBRO DE ORACIONES BIEN ACOGIDO EN GRAN CANARIA - (con vídeo explicativo de Luis Argüello)
Durante el mes de julio (2023) el libro "Tengo sed" ha sido magníficamente acogido en las parroquias en que hemos estado presentes: Santa Rita en el Goro, San Juan en Arucas, El Pilar en Guanarteme, Santa Maria en Guía, San Pedro en la Atalaya de Guía.
En noviembre en las parroquias de Virgen del Pino (Arinaga)
El cristianismo en China NO ESTÁ PERMITIDO y los cristianos alli son señalados y perseguidos por la sociedad y el gobierno.
Tenemos razones para suponer que él también lo está.
No hay información sobre él en Internet y solo hemos visto sus fotos... por cierto, siempre sonríe
martes, 17 de febrero de 2026
jueves, 12 de febrero de 2026
Paco Vaquero ¿Podríamos tener una mejor democracia?
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¿De qué hablamos hoy cuando hablamos de valores democráticos?
Hoy se nombran constantemente los valores democráticos. Se invocan en discursos institucionales, en campañas electorales, en declaraciones solemnes, en celebraciones oficiales. Algunos discursos los presentan como algo evidente, casi natural. En otros, la impresión es que se los nombran como por obligación; en otros como baluartes a defender ante el avance del irracionalismo y los extremismos tan en boga.
Precisamente por eso conviene detenerse y hacerse una pregunta incómoda:
¿qué se entiende hoy, realmente, por valores democráticos?
Porque si se escucha con atención, lo que aparece una y otra vez es una versión reducida, empobrecida y profundamente domesticada de la democracia. Una democracia convertida en procedimiento, casi un ritual. Un acto puntual que se ejerce cada cierto número de años y que consiste, básicamente, en elegir entre opciones previamente definidas por otros.
Votar, sí. Pero poco más.
La democracia liberal contemporánea ha logrado algo muy eficaz: presentarse como el único
horizonte posible, mientras vacía de contenido el sentido profundo de lo democrático.
Se nos dice que vivimos en democracia porque votamos, porque existen instituciones, porque
hay división (formal) de poderes. Y sin embargo, cada vez más personas sienten —aunque no
siempre sepan expresarlo— que no deciden sobre lo que afecta a sus vidas, que no influyen
realmente no solo en las grandes orientaciones económicas, sociales o culturales, sino en lo que
atañe a su día a día directo donde, a trancas y barrancas, se esfuerzan por sacar adelante sus
aspiraciones.
Cada vez más personas sienten, que su participación termina exactamente donde empieza lo importante.
Aquí aparece la primera gran manipulación, confundir:
- democracia con legalidad,
- democracia con procedimiento,
- democracia con “estabilidad del sistema”.
Desde una mirada humanista, esto es claramente insuficiente. En realidad es el gran problema de raíz.
Porque la democracia no es solo una forma de organizar la sociedad (incluyendo el poder):
es una forma de entender al ser humano y su proceso de desarrollo.
Y ahí es donde los llamados “valores democráticos” revelan su verdadero alcance, o su
vaciamiento.
Desde esta perspectiva, el valor de la no violencia no es un adorno moral ni una consigna
ingenua: justamente es un valor democrático central.
No hay democracia allí donde la violencia — en cualquiera de sus expresiones: física, económica,
psicológica, emocional, género, cultural, religiosa..— organiza la vida social.
No hay democracia cuando se normaliza la exclusión, la precariedad, el miedo o la humillación
como mecanismos de gobierno.
Del mismo modo, la igualdad de oportunidades no puede reducirse a una fórmula retórica. No
basta con proclamar que “todos somos iguales ante la ley” si las condiciones materiales de
partida hacen esa igualdad irrelevante.
Una democracia que acepta como normal que el lugar de nacimiento, la clase social, el género,
las creencias religiosas, la cultura o el acceso a recursos determine el destino de las personas es
una democracia fallida y profundamente limitada.
Y por supuesto, nunca habrá una verdadera democracia mientras el patriarcado como
sistema rector, siga operando.
Lo mismo ocurre con la llamada separación de poderes. No como esquema formal, sino como realidad efectiva. Porque cuando los poderes económicos condicionan de forma sistemática a los poderes políticos; cuando los medios de comunicación moldean la opinión pública al servicio de intereses concentrados; cuando el poder judicial se politiza o se instrumentaliza, la separación de poderes deja de ser un valor democrático y se convierte en una ficción. Y eso hace mucho que ya sucedió.
El problema no es solo que estos valores se incumplan.
El problema es que se redefine la democracia para que no sea necesario cumplirlos.
Así, se nos invita a defender “la democracia” mientras se restringe la capacidad real de elegir. Se nos pide adhesión a los valores democráticos mientras se desactiva la participación, se fragmenta a la sociedad y se reduce lo político a una gestión técnica de lo inevitable, o una discusión entre “quienes saben”.
Frente a esta deriva, el Nuevo Humanismo propone un desplazamiento profundo:
volver a situar al ser humano —a cada ser humano— como valor central y no como medio.
Desde ahí, la democracia deja de ser un simple sistema representativo y pasa a ser un proceso vivo, en el que las personas no solo eligen representantes, sino que participan, deliberan, deciden y construyen. Y lo que es más importante: se responsabilizan de sus decisiones. Esto es: una democracia donde la libertad no es solo formal, la igualdad no es solo jurídica (si es que eso existe) y la participación no es solo simbólica.
No se trata de idealizar ni de negar las conquistas históricas. Se trata de no confundir el punto de llegada con el punto de partida, ni el mínimo aceptable con el máximo deseable. Se trata de recuperar el sentido perdido de palabras que han sido gastadas por el uso interesado, y recuperarlos ejerciendo en la práctica los derechos que tenemos las personas. Los derechos que han sido hurtados históricamente: la votación directa de leyes, la elección directa de tribunales y fiscalías, la presentación de iniciativas legislativas, el respeto a las minorías..entre otros.
Porque cuando todo se llama democracia, incluso lo que la vacía, la tarea más urgente no es defenderla sin crítica, sino redefinirla desde los valores humanistas.
Se trata de hacer efectivo mediante la acción el hecho de que la democracia no empieza en las urnas, sino mucho antes: en la manera en que nos relacionamos, en cómo resolvemos los conflictos, en cuánto poder real tenemos para decidir sobre nuestra propia vida y sobre el mundo que compartimos.
La democracia empieza ahora.
(Paco Vaquero, lunes, 26 de enero de 2026 invierno hemisferio norte)
lunes, 9 de febrero de 2026
Premio Doramas a Froilán Rodríguez
Gilberto Moreno/facebook
Fue quien me introdujo en la política hace ya más de treinta años, y con quien compartí los valores de trabajar por los demás y por una tierra diferenciada como nuestra Canarias, por un lugar único como Arucas.
Que en la política haya personas que se ocupen de su tierra es vital, porque nadie cuida mejor lo que ama y conoce de verdad. Son esas personas las que entienden que un pueblo no es solo un lugar, sino su gente, su historia y su futuro; las que trabajan no por ambición, sino por responsabilidad, poniendo el corazón en cada decisión y el bien común por delante de todo. Cuando alguien defiende su tierra desde la honestidad y el compromiso, la política deja de ser un discurso y se convierte en servicio, en cuidado y en esperanza compartida.
Froilán Rodríguez ante todo es médico y siempre lo ha sido y será, pero además tuvo la enorme responsabilidad de ser alcalde de Arucas durante doce años, y que en mi opinión no lo ejerció como un cargo, sino como una forma de estar al servicio de los demás. Gobernar con cercanía, escuchando a la gente y poniendo siempre por delante el bien común, dejó una huella que va mucho más allá de las decisiones concretas o de los inevitables errores que acompañan a cualquier camino largo y honesto.
Compartí dos años siendo concejal contigo y con el equipo, recordándolo por la voluntad sincera de ayudar, por la puerta abierta y por el compromiso con Arucas y sus vecinos.
Todo un honor Froilán entregarte el premio Doramas - Alma Gran Canaria, por tu labor política y tu defensa de un concepto nacionalista integrador y necesario. Gracias por esos años de entrega, por el tiempo dedicado y por haber entendido la política como lo que debe ser: un servicio a la comunidad.


































