lunes, 17 de agosto de 2026
Telde comparte una jornada con los menores saharauis de 'Vacaciones en Paz'
La solidaridad volvió a encontrar este verano un punto de encuentro en Telde. Niños y niñas saharauis que pasan estos meses en el municipio gracias al programa «Vacaciones en Paz» compartieron el pasado 15 de agosto una jornada de convivencia junto a sus familias de acogida, una iniciativa que reunió actividades, encuentro y confraternización.TELDEACTUALIDAD ofrece reportaje gráfico.
Así lo destaca La Comunidad de la Palabra en un comunicado remitido a TELDEACTUALIDAD, en el que realiza un balance especialmente positivo de la jornada y pone en valor el compromiso de las familias que cada año abren sus hogares a los menores saharauis.
Dos meses lejos de los campamentos
El encuentro se desarrolló en el conocido Parque de la Condesa (Jinámar), donde los participantes pudieron disfrutar de diferentes actividades y, principalmente, de una jornada concebida para favorecer la convivencia entre los pequeños, las familias y las personas vinculadas al programa.
Los menores participantes en «Vacaciones en Paz» pasan dos meses durante el verano acogidos por familias del municipio, una experiencia que La Comunidad de la Palabra define como un ejemplo de solidaridad y de construcción de vínculos entre personas y pueblos.
El colectivo destaca especialmente el papel de las familias de acogida, a las que agradece que, «un año más, abran las puertas de sus hogares y de sus corazones» para hacer posible la estancia de estos niños y niñas en Telde.
Agradecimiento a Solidaridad
La organización expresa también su agradecimiento a la Concejalía de Solidaridad del Ayuntamiento de Telde por el apoyo, la implicación y el compromiso mantenidos con el programa.
El reconocimiento se extiende igualmente a los colectivos Manos Unidas y Comunidad de la Palabra, cuya colaboración y participación contribuyeron al desarrollo de la jornada, así como al conjunto de personas que prestaron su ayuda para hacer posible el encuentro.
Para La Comunidad de la Palabra, iniciativas de estas características trascienden el componente festivo y sirven para recordar «la importancia de la solidaridad, la cooperación y la convivencia», además de contribuir a «seguir construyendo puentes entre personas y pueblos».
El colectivo concluye agradeciendo a participantes, colaboradores y familias su implicación para que Telde vuelva a formar parte este verano de «Vacaciones en Paz», un programa que convierte la acogida de los menores saharauis en una experiencia compartida de convivencia y solidaridad
sábado, 15 de agosto de 2026
Churrería en Las Palmas rechaza a "Desokupa"
.Ana Rodríguez/facebook
... Acababan de ponerme el café con leche y los churritos cuando entró un grupo de lo que, a priori, parecían tres trabajadores de una misma empresa, todos con el mismo pantalón lsrgo beige y el mismo polo azul marino, pero uno de los camareros impidió que llegasen siquiera a la barra. Justo en ese momento entró el dueño de la churrería y les dijo "Fuera de aquí". Comenzaron a reírse y, a mí, que seguía sin saber qué estaba pasando, y al resto de las personas que estaban en las mesas, nos hicieron la peineta y salieron riéndose (parecía que la invitación a irse no les pillaba por sorpresa).
Al darse la vuelta lo entendí todo: los polos por detrás ponían "Desokupa Canarias"
La churrería de mi barrío, espacio seguro y antifascista.
Buen día
Feliz y emocionada y agradecida.
domingo, 9 de agosto de 2026
StopDerroche se adhiere a la EXIGENCIA DE LA RETIRADA INMEDIATA DE LA NUEVA LICITACIÓN PARA LA REFORMA DEL ESTADIO DE GRAN CANARIA
domingo, 2 de agosto de 2026
La solidaridad no tiene fronteras: niños y niñas saharauis, jóvenes y mayores comparten experiencias en Taliarte
La Residencia de Taliarte vivió este sábado, 1 de agosto, una jornada marcada por la convivencia, el cariño y el intercambio de experiencias con la visita de los jóvenes de La Comunidad La Palabra que colaboran con la Pastoral de la Salud y algunos niños y niñas saharauis del proyecto Vacaciones en Paz. Todos compartieron una mañana muy especial junto a las personas mayores del centro.
Durante el encuentro, los participantes disfrutaron de diferentes actividades que favorecieron la interacción entre generaciones. Algunos se animaron a jugar una partida de dominó, mientras que otros aprovecharon la ocasión para conversar y escuchar las historias, recuerdos y vivencias de los residentes, creando un espacio de aprendizaje mutuo y enriquecimiento personal.
Más allá de la atención y el acogimiento que reciben durante su estancia en Gran Canaria, esta jornada puso de manifiesto que los niños saharauis también tienen mucho que ofrecer. Con su cercanía, alegría y disposición para compartir, demostraron que la solidaridad es un camino de ida y vuelta, en el que no solo reciben cariño, sino que también lo entregan, dejando una huella imborrable en quienes los acompañan.
La jornada concluyó con el convencimiento de que compartir tiempo y experiencias es una de las mejores formas de construir una sociedad más cercana, inclusiva y humana.
Agradecimiento al personal de la Residencia de Taliarte y a la Pastoral de la Salud por su compromiso, dedicación y colaboración, haciendo posible este valioso encuentro.
COGER LA BANDEJA PARA SERVIR
Como sociedad somos responsables de que el abandono escolar suceda. Estamos obligados a dar respuestas a estas situaciones estructurales antes de que un joven tome la decisión de abandonar el aula y su formación.
No vale parchear con apoyo económico a las familias que viven al límite. La situación de precariedad laboral y salarial influye mucho fruto de un modelo económico en desequilibrio permanente, bajo la anomalía de la dependencia del sector de servicios turísticos.
Un país sin jóvenes adecuadamente formados no puede avanzar hacia un equilibrio económico. No basta con contemplar becas suficientes, transporte y alojamiento para quienes necesitan estudiar fuera de su isla si luego no puede desempeñarse en su ámbito formativo.
Hemos de avanzar en orientación laboral, refuerzo educativo y una #FormaciónProfesional moderna, vinculada no solo al turismo, sino también a la tecnología, servicios financieros, a la energía, a la pequeña industria especializada, al comercio exterior, al desarrollo portuario y aeroportuario , impulsar el necesario sector primario, los cuidados y la economía del conocimiento,.......
No basta con pedir al alumnado que resista cuando en sus hogares hay necesidades económicas. Tenemos la obligación de construir las condiciones que le permitan desarrollarse y mirar al futuro con optimismo y dignidad.
Canarias registra un 15,9 % de abandono educativo temprano entre la población de 18 a 24 años, frente al 12,8 % del Estado , y ocupa la segunda peor posición como país dentro del Estado de España .
La facilidad para acceder rápidamente a trabajos temporales de baja remuneración y escasa poder adquisitivo con escasa exigencia formativa en la hostelería y el turismo actúa como una salida inmediata para jóvenes cuyas familias necesitan ingresos.
Pero lo que parece una oportunidad puede convertirse en una trampa de largo recorrido.
El problema no es coger una bandeja para servir. Todo trabajo digno merece nuestro respeto. El problema aparece cuando la pobreza obliga a cambiar formación por supervivencia, cuando la necesidad decide antes que la vocación y cuando nuestra economía ofrece a la juventud más puertas para servir que oportunidades para investigar, crear, emprender, producir conocimiento o desarrollar profesiones cualificadas.
No culpemos a los jóvenes por aceptar el empleo que tienen delante. Hagamos autocrítica como sociedad.
Durante décadas hemos normalizado un modelo que bate récords turísticos mientras mantiene bajos salarios, temporalidad, escasas posibilidades de progresión profesional y una limitada capacidad para generar valor añadido.
Después nos sorprendemos cuando una parte del alumnado concluye que estudiar durante años no garantiza una vida mejor.
La pobreza no solo reduce la renta familiar. Reduce el tiempo disponible, la concentración, las expectativas y hasta nuestra posibilidad de imaginar otro futuro.
En un hogar pendiente del alquiler, la alimentación o la factura eléctrica, continuar estudiando puede percibirse como un lujo. Esa necesidad de supervivencia inmediata termina alimentando nuestra dependencia económica futura con menor cualificación, menor productividad, salarios más bajos y mayor vulnerabilidad ante cualquier crisis turística.
Seguimos inmersos en la rueda de la dependencia que arrastra a la pobreza social de mera supervivencia. Estamos creando pobreza presente y futura. Sin ofrecer alternativas de oportunidades de progreso.
Necesitamos cumplir de manera efectiva el compromiso legal de destinar al menos el 5 % del PIB a la educación, reforzar las políticas contra la pobreza infantil y diversificar nuestra economía mediante empleos cualificados, estables y capaces de aportar valor.
La educación debe ser política de país irrenunciable. Quien no invierte en educación con garantías y planificación de futuro, condena a su población a la pobreza ,a la supervivencia , a la dependencia y a la sumisión.
No estamos únicamente ante una emergencia educativa. Estamos tomando una decisión sobre el país que tendremos dentro de veinte años.
Cuando empujamos a nuestros jóvenes a abandonar los estudios para ayudar en casa, no estamos ganando profesionales formados para impulsar economicamente el país, lo que estaremos haciendo es hipotecando talento, bienestar y futuro de la población canaria.
Ricardo González Roca Fonteneau
www.liberacioncanaria.org
contacto@liberacioncanaria.org
Liberación Canaria
sábado, 1 de agosto de 2026
El cultivo platanero ¿un modelo que necesita cambiar?
“Yo soy un pobre del campo, agricultor platanero…” Los Sabandeños.
El conflicto del plátano es un problema recurrente año tras año., un mercado que en su día tuvo una mayor proyección internacional y hoy depende en gran medida del consumo en Canarias y la península, con exportaciones puntuales a otros destinos. Esta situación vuelve a poner sobre la mesa el modelo económico que durante décadas ha protegido y favorecido a determinados grupos empresariales.
Es fundamental diferenciar entre los agricultores que cultivan el plátano y las empresas que lo comercializan.
Los agricultores son quienes asumen los riesgos de la producción, soportan las inclemencias del tiempo, el incremento de los costes y las incertidumbres del mercado. En muchas ocasiones denuncian que el precio que reciben por su producción no compensa sus costes, mientras que la comercialización concentra una parte importante del valor añadido de la cadena. Por ello, no resulta justo identificar los problemas del sector con quienes trabajan la tierra y hacen posible la producción.
Algunas de las grandes empresas del sector han protagonizado además episodios muy controvertidos. Entre ellas figura una empresa vinculada al desalojo de alrededor de 200 familias de un inmueble en Santa María de Guía, un hecho que ha generado una profunda preocupación social.
Muchas de estas grandes empresas reciben importantes subvenciones y bonificaciones públicas mientras obtienen elevados beneficios gracias al trabajo de miles de personas y en no pocos casos, su mayor mérito no ha sido innovar o emprender desde cero, sino gestionar un patrimonio empresarial heredado. Sin embargo, con demasiada frecuencia la maximización del beneficio económico parece situarse por encima de su responsabilidad social y de algo tan esencial como ofrecer productos de calidad a un precio justo para la población.
Por ello, considero que las ayudas públicas deberían orientarse prioritariamente hacia las cooperativas de trabajadoras y trabajadores, así como hacia quienes desarrollan una actividad económica basada en su propio esfuerzo. Son quienes conocen de primera mano el valor del trabajo, la importancia de sacar adelante a sus familias y a su comunidad, y la necesidad de compatibilizar la actividad económica con una vida digna.
También es necesario abrir un debate sobre la justicia fiscal. Grandes empresas reducen de forma significativa su carga tributaria mediante mecanismos de planificación fiscal permitidos por la legislación y diseñados por complejas estructuras de asesoramiento. Aunque esas prácticas puedan ser legales, resulta legítimo preguntarse si responden al principio de justicia fiscal que debería inspirar el sostenimiento de los servicios públicos.
Del mismo modo, es imprescindible reforzar los mecanismos de inspección y control para combatir el fraude, evitando el uso de falsas cooperativas o de falsos autónomos que precarizan las condiciones laborales y distorsionan la competencia.
Mientras escribo estas líneas, me viene a la memoria Víctor Jara. En “Las casitas del barrio alto” retrató como pocos las profundas desigualdades sociales. Y también resuenan aquellos versos de Los Guanijais:
La tierra me hace sudar,
la tierra me hace sufrir,
y usted, dueño de mi pan,
vive tan feliz
en la gran ciudad.
Y sigue resonando aquella copla popular que expresa el anhelo de justicia social:
“¿Cuándo querrá Dios del cielo
que la tortilla se vuelva, que la tortilla se vuelva,
que los pobres coman pan
y los ricos mierda?”
Javier Marrero










