Nayra Pérez Hernández
Si que se publicara este librito -no siendo poeta o siendo no-poeta, al estilo Parra- es ya un regalo, más aún, que ayer se presentase arropado por tantas personas que forman parte de mi vida (familiares, amigos y compañeros viejos y nuevos, un buen puñado de calibanes, alumnos y hasta mis profes), a quienes debo tanto.
Otro regalo fue compartir presentación con Octavio Pineda y su "Luz fija variada con destellos", un poemario que nos "ciega" de belleza; que no hablásemos de "nuestro" libro, sino del de "el otro", porque la poesía, como la palabra, como la lengua, no es nunca nuestra.
Y que nos acompañasen en el acto las manos que los hicieron posible: Jorge Liria, capitán de la editorial Mercurio; Sergio Hernández, que mimó el d
iseño y la maquetación; y José Miguel Perera, editor de la colección que nos da cobijo. También estuvo Eugenio Padorno, en ausencia, maestro eterno y padre de El faro de La Puntilla.
Es tan imposible como inútil intentar contar un libro, menos de poesía. Yo solo quiero invitarles a bailar la calima: ese polvo que viene del desierto sahariano que nos molesta y nos hace al tiempo preguntarnos, dado su origen, por quiénes somos, ya solo geográficamente; conciencia de la calima que nos impide ver a los otros y reconocerlos como iguales; una calima que echa a perder la postal turística y nos habla de otra Canarias, de su pobreza y carencias... una calima que estando fuera anhelé tanto... una calima que hay que aprender a bailar, porque es real en nuestro existir, igual que Antígona baila con Ismene para matar al miedo en medio del horror.


