lunes, 18 de febrero de 2019

Entrevista con... Juan Capafons, catedrático en Psicología Clínica de la ULL «Es muy preocupante que haya menores que apuestan ‘online’»

Juan Capafons es el autor de la Guía para el uso responsable de las nueves tecnologías editado por la Dirección General del Menor y la Familia. El catedrático en Psicología Clínica de la ULL analiza los riesgos que conlleva un mal uso del móvil, las redes socieales o los videojuegos y avisa del peligro de las apuestas online Rosa Rodríguez Santa Cruz de Tenerife

— ¿Qué es el móvil para los jóvenes?

— Es la clave para los chicos. En nuestra generación, no, pero en la de ahora, la de los chicos, ya hay parte del mundo real que se hace destinado al mundo virtual, es decir, hay comportamientos, actitudes, actividades que son más pensando en que luego lo cuelgan en Instagram o lo van a difundir en YouTube. Es más, yo creo que en la generación de nativos digitales ya hay una fusión total entre el mundo virtual y el mundo real.


— ¿Los padres son conscientes de la realidad en la que se mueven sus hijos?

— La experiencia que tenemos nosotros, que hemos trabajado mucho con los chicos, pero también con los padres, es que hay padres y madres muy concienciados y otros que son absolutamente ignorantes de donde están sus hijos ubicados y de lo que significan las nuevas tecnologías. Son padres que el teléfono lo tienen para llamar y poco más, que nunca han entrado en YouTube, que no saben lo que es una red social... y son estos padres los que tienen un alto desconocimiento de lo que ocurre con sus hijos.

— ¿Qué deberían hacer los padres?

— La información no lo puede todo, pero sin información todavía están más debilitados. Los padres tienen que conocer cada vez más las nuevas tecnologías porque ese conocimiento es un amortiguador para evitar los problemas que llevan aparejadas y para disfrutar al máximo de los bueno que ofrecen. Esto es igual que en otros muchos órdenes de la vida. Los psicólogos, como los nutricionistas, tenemos la obligación de decir «esto es sano y esto no», pero ojo, desde la libertad. No creo en una sociedad totalmente intervencionista, pero sí hay que dar todas las herramientas para que, desde la libertad, se haga lo mejor posible. Tenemos la responsabilidad de decir esto tiene estas consecuencias y esto aquellas y luego que cada cual elija con responsabilidad.

— ¿Qué opina de que un bebé casi antes de caminar ya esté pasando el dedo por la pantalla?

— Es fantástico que a un niño de un año, de dos o de tres la madre o el padre le pongan las nuevas tecnologías, pero no como la solución para que me deje en paz. No como el sucedáneo de la atención que le deberían de dar. El niño reclama atención y lo callamos con las nuevas tecnologías, pues no. No hay ningún inconveniente con que, cuando se quita la parte de sustitutivo de o paliativo de, se tenga acceso a las nuevas tecnologías con edad muy temprana. Esa parte está espabilando a la primera infancia y no hay datos que digan que perjudica, siempre que se den en la dosis exacta.

— Hablemos de redes sociales. Los chicos, que no van por la calle regalando fotos a la gente, ni hablando de si están bien o mal, sí sobreexponen su privacidad en las redes...

— Justo, acabas de señalar la clave de esto. Los jóvenes de 12 y 13 años no son conscientes de que no le están hablando a un smartphone o a un ordenador, sino que están saliendo a la plaza pública y gritando a los cuatro vientos lo que están diciendo y haciendo. Se tienen que concienciar de que no es verdad que lo que escribe o cuelgan en redes sociales solo lo van a ver los que ellos quieren: Internet es una ventana casi totalmente al infinito y a la eternidad y ahí está todo lo que cuentan y enseñan.

— ¿Qué riesgos encierran?

— Hay que trabajar mucho para que los chicos y los padres estén muy bien informados. El sexting, el compartir imágenes de contenido sexual, es uno de esos riesgos, el gromming, el acoso sexual virtual a menores por parte de adultos, es otro, pero hay muchos. La clave está en que se conozcan y en que los padres estén en las redes sociales en las que están sus hijos.

— ¿Y los videojuegos?

— El juego es algo innato a los mamíferos y está tremendamente metido en la conducta del ser humano. El juego está en nuestros genes y es algo fantástico. Segundo, lo que han significado las plataformas es un cambio absoluto en la manera de jugar. De jugar al fútbol en la plaza, ahora es algo sedentario..., por tanto ahí hay unos riesgos sobre los que están insistiendo los pediatras y son reales; la parte física es indiscutible. En la parte psicológica, el videojuego es muy atractivo si tu lo controlas, pero con 11, 12 años si no se controla el tiempo, el juego puede acabar dominando. Tenemos un cerebro que tiene toda una zona dedicada al placer perfectamente programada para pedir lo máximo y cuando la dosis es exacta, pues fantástico, pero cuando ese circuito falla, por exceso, llegan los aspectos negativos: la pérdida de control, de actividades, el descuido de la alimentación, del aseo personal y por supuesto el rendimiento académico. Más irritabilidad, nula interactuación con los demás y eso ya es un trastorno definido: la adicción al juego.

— ¿Qué opinión le merece la liga de videojuegos que la Consejería de Educación intentó introducir en los institutos?

— Estuve muy atento a la respuesta que dieron los distintos colectivos y a mi me convencieron: por qué y para qué. El que los eSports se vayan o no a implantar requiere de un por qué, cuál es su sentido. Yo no soy de rasgarme las vestiduras, pero hay que razonarlo, explicarlo y, por supuestos, hay que validarlo. Y ese es el para qué, poder explicar que se ha hecho esto y hemos obtenido esto. Si el que quiere poner en marcha los eSports tiene las ideas muy claras y sabe qué mejoras va a producir, qué va a aportar a los chicos y a los colegios, que lo ponga en marcha y lo valide. Si se le encuentra sentido, se quiere probar y darle un buen uso, hágase, pero si es el negocio o el interés es particular y vamos a usar a nuestros jóvenes para lucrarnos, exactamente igual que con las apuestas online, yo me niego en rotundo.

— Las apuestas online se destapan también como un problema...

— Hay un 10% de menores que alguna vez ha hecho apuestas online, pero a mí me preocupa un pequeño porcentaje apuesta frecuentemente. Ahora es un germen, pero muy preocupante. Y el 10% ha tonteado ya en algo que, además, está prohibido para menores de 18 años... ¿y la sociedad lo permite? En esto sí que hay que ser muy estrictos.

— ¿Pero, cómo controlamos?

— Desde el punto de vista técnico no lo sé, desde el punto de vista psicológico, sí. Confianza, hablar con los chicos. Ahí está la clave.

— Las plataformas de apuestas hacen una publicidad muy agresiva ¿habría que prohibirla?

— Yo voy más allá. No le veo sentido a la publicidad. En los medios de comunicación ya no hay publicidad de tabaco o alcohol y las empresas no se han arruinado. No ha pasado nada por limitar la publicidad al máximo. Leocadio Martín, compañero mío, dijo una vez una cosa que me impacto. «¿Vemos alguna vez a Cristiano Ronaldo con un cigarrillo diciendo, ‘oh, que maravilla’? ¿eh, que no? o a Messi tomándose dos cubalibres y diciendo ‘no hay nada mejor después de un partid’, ¿verdad que no?», decía Leocadio. Nos chirriaría, verdad, pues si eso nos chirría por qué no chirría verlos apostando. Hay que prohibir totalmente la publicidad donde los menores puedan acceder.

— Los padres ven a sus hijos jugando a videojuegos, ¿pero los ven apostando, lo saben?

— Ni se lo plantean. Ni yo mismo, que estoy metido en este mundo, que soy psicólogo, no vi al principio necesario meter en la guía una pregunta sobre apuestas online, así que imagínate los padres.

— Pero para apostar hace falta, mínimo, una tarjeta de crédito...

— Sí, pero hay otras vías, con que la consigas una vez ya abres una cuenta, y luego está la escuela paralela que tienen los chicos donde se dicen prueba esto o lo otro.

— ¿Y qué hacen los padres?


— Primero, el móvil en propiedad, lo más tarde posible, a los 13 años, mejor que a los 12. Segundo, el móvil en propiedad siempre controlado, con dispinibilid absoluta por parte del adulto y que el niño no se sienta vigilado; debe ser algo natural. Y tercero, el ejemplo por parte de los padres: los adultos tenemos que transmitir a nuestros hijos que no hay ningún problema por dejar el móvil. Y, cuando hay un problema, una adicción: acudir a un profesional.