martes, 13 de octubre de 2009

EL PATRIOTA FUERA DE LA JAULA

TERESA CÁRDENES

Hay muchas maneras de abochornar a los ciudadanos. La menos selecta e indignante, apropiarse de sus derechos y sus libertades para abofetear a su amparo la inteligencia y los sentimientos colectivos y escupir sobre el marco constitucional. A las nueve y media de la mañana de este viernes 9 de octubre, toda España miraba hacia Canarias para descubrir, en un acuartelamiento de La Isleta, la entereza desgarrada de una madre en el trance de despedir a un hijo muerto en un acto de servicio a su país. Un acto de duelo íntimo en el que, amén de la solidaridad de todos sus conciudadanos, la madre y los familiares de Ancor fueron arropados por el heredero de la Corona, el presidente del Gobierno de España y el jefe del primer partido de la oposición.

Pues bien, como ni el duelo respeta, el viernes, esta vez con el pretexto de que el Consejo de Ministros había elegido Gran Canaria para aprobar su Estrategia Integral para las Islas, un editor ya conocido por su desquiciado empeño en dinamitar los ejes más elementales de la convivencia, aprovechó para declarar la independencia de las Islas (siete menos una, ya saben), instrumentalizando hasta la caricatura aparentes iconos de la canariedad que él, cuya imaginación es tan magra como su inteligencia, sorroballa ridículamente en su pretensión de erigirse en portavoz de una Canarias nueva y libre.

"Canarios sí, pero sin jaula", proclama el pretendido patriota. El mismo cuyos principios democráticos son tan, tan firmes, que un día proclama el advenimiento de la Nueva República del Áfrico, al otro confiesa su nostalgia por la prosperidad de la dictadura franquista y al siguiente, atrapado en una contradicción neurótica entre su Yo protoindependentista y su SuperYo de querencias asimilables al yugo y la flecha, babosea elogios al Ejército que defiende la bandera constitucional española, en la vana creencia de que se hará perdonar así sus pecados supuestamente soberanistas.

Porque, ¿es de verdad don Pepito un valedor de la independencia canaria? ¿Puede alguien creer en serio que este personaje que ha basado durante años su discurso en una patológica obsesión con Gran Canaria, porque (casualmente) así convenía al partido que históricamente le ha reído las gracias, tiene la menor idea de lo que significa el soberanismo? ¿De verdad piensa este aprendiz de cubillismo que es creíble esa pose de padre de la patria canaria, que en su histrionismo hace despeñar por el precipicio del ridículo hasta el legítimo derecho a pensar en clave de autodeterminación?

Si bien lo realmente lamentable de este cutre espectáculo es la tibieza con que, desde la política que cobardemente teme su venganza mediática, se consiente la enloquecida espiral del personaje y sus vergonzantes libelos, tanto más inquietante cuanto mayor sea la escalada del paro y la desvertebración social en Canarias.