lunes, 30 de mayo de 2016

Hoy ha fallecido Pancho López ¡y vive, coño, vive!

Eugenio A. Rodríguez

Tirajana
No se me asombren del titular. Pancho decía "coño" continuamente y una de las cosas que le molestaban eran los curas demasiado "fisnos". Pancho era cura-cura sin necesidad de atuendo, desde formas de vida absolutamente del pueblo. No podría escribir yo una semblanza biográfica de Pancho López porque me faltan datos aunque creo saber todas las parroquias por las que ha pasado... Le conocí cuando casi rozaba ya los ochenta y nos hicimos verdaderos amigos de manera racionalmente inexplicable. No sé por qué. 

Con amigos de Frater
A mí me gustaba pincharle con que le había pagado la carrera el conde y él simplemente hacia una mueca. Tocando ese tema nunca me dijo una palabra de más de una sílaba: "Ufff". Nunca le vi hacer la pelota y nunca le vi el más mínimo asomo de resentimiento hacia la gente que no le había tratado bien. Ni una cosa ni otra y quizá por eso le admiraba: por su  limpieza evangélica. De quien hablaba con verdadera veneración era de sus padres, de su capacidad de sacrificio y amor.

Su alegría estaba en las cosas sencillas y se reía de los divertimentos aburguesados. Quería ser, no tener; quería compartir, no aprovecharse; quería servir, no explotar. lo suyo era ofrecer aceitunas compuestas por él, freír "papas troncuas", regalar sonrisas burleteras... Una tarde de domingo me di el gustazo de conocer el Lugar de Tirajana en que se había criado. Desde lo alto miraba con emoción hacia allí. Se emocionaba también con la música canaria y sobre todo con el crecimiento de las personas. Decía que en la Frater (especialmente en  Fuerteventura donde hizo la Iniciación poniendo en juego su persona entera) le habían emocionado muchas veces.
Primera salida de Eugenio del hospital

Cuando le visitaba yo, una de las pocas veces que estuvo hospitalizado, cada día a las siete de la mañana en el Insular, me enseñó -sonriente- que los pobres procuran no dar guerra en el hospital y no amargar a la gente sino todo lo contrario; esto -años después- me hizo falta también a mí. Cuando apareció mi leucemia sufrió más por mi enfermedad que por las suyas. No sé por qué, ni me interesa; solo sé que estoy en deuda. Todavía noto el abrazo que me dio al entrar por la casa recién salido del hospital: "Ahora más que nunca ¡coño!"; y una vez más se emocionó.
Con la familia en Santa Lucía

Muchas veces me corrigió: "¡Hay que querer a la gente!" me decía; y no insistía. Cuando cumplió sesenta años de cura le dimos una sorpresa. Él solía ir a rezar y celebrar la Eucaristía ese día, él solo, a Teror donde había sido ordenado. Sin que lo supiera ese día nos presentamos allí más de un centenar de personas de diferentes parroquias y de la Frater y más de una treintena de compañeros. La Providencia quiso que el Evangelio que tocaba ese día fuera uno de sus textos predilectos: contra las leyes y a favor del espíritu. Le alegró ver cada rostro y disculpó toda ausencia.  Quedó agotado y feliz como ha quedado de la vida: agotado y feliz. Con el providencial evangelio que había tocado nos reímos de lo lindo. No quiso vida de jubilado y estuvo hasta el final al pie del cañón y hasta el final con fuerza y optimismo. No hablaba de opción por los pobres y fue pobre evangélico hasta la médula.
Celebración al año del trasplante

Cuando escribí "hace un año renací" también me echó la bronca: "¿Cómo es eso de que en la enfermedad también has tenido temor del Juicio? Eso no puede ser, Dios es un Padre, es Misericordia". Como soy un enteradillo me revolví teológicamente pero me volvió a tumbar; hasta que le dije:  "Lo mismo es que no tengo los años que tú tienes y todavía no tengo esa experiencia". Y me dijo: "Eso sí". Aunque la desproporción es grande y yo fuera un enano junto a un gigante sé que fuimos y somos amigos. Creo que cuando entró en su corazón la sospecha de que yo podía morir, en su corazón pensó que prefería irse él primero. Acabo deseando que otros venzan el pudor y nos cuenten... Los que hemos conocido a Pancho podemos decir con la canción: "Hemos conocido el Amor"...