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domingo, 4 de marzo de 2018
viernes, 9 de junio de 2017
«Aborta hoy, y mañana me la mandas a trabajar al Lugo»
Antonio F. de la Gándara/Canarias7
Las cuatro proxenetas nigerianas acusadas por la Fiscalía de forzar a abortar a base de insultos, palizas y amenazas de magia negra a una joven de su país obligada a ejercer la prostitución en España se declararon este lunes inocentes, y aseguraron que la situación era a la inversa: ellas querían que tuviera al bebé pero era ella la que se empeñaba en abortar.
La joven, por su parte, confirmó su relato –a través de videoconferencia y con el status de testigo protegida– y aseguró que fue obligada a interrumpir su embarazo de casi seis meses en marzo de 2010 para seguir generando beneficios como prostituta en Gran Canaria, en el barrio capitalino de El Lugo y en el Sur de la isla.
La Sección Segunda de la Audiencia Provincial dejó ayer visto para sentencia el juicio contra el clan de proxenetas nigerianas formado por Sonia O. (Mamá Princesa) de 40 años, sus hermanas Marcelina O. (Mamá Osato) de 38 años, Asantessa Y. (Doris) de 30 años y su cuñada Evelyn M. (Mamá Amé) de 42 años. La fiscal Teseida García pide siete años para las tres hermanas y ocho para Mamá Amé, que ya tiene una condena por otro caso idéntico.
Tres de las cuatro acusadas cumplen actualmente condena dictada por la propia Audiencia en 2013 y declarada firme por el Supremo en 2015, como proxenetas y tratantes de seres humanos: Princesa 26 años, Mamá Osato 19, Doris 18, y Mamá Amé, 12 (ya está en libertad).
Fue precisamente cuando se investigaba a las acusadas como miembros de una red dedicada a traer a africanas engañadas para obligarlas a ejercer la prostitución, cuando surgió el caso de la joven embarazada. Así, el grueso de las pruebas son los pinchazos a los teléfonos de las acusadas, en cuyas transcripciones traducidas se las puede leer hablando de la joven embarazada como si fuera un animal que ha dejado de proporcionar alimento y al que hay que maltratar para que vuelva a darlo.
Los abogados defensores –Antonio Cabrera, Alba Isabel Saavedra y Miguel Redondo– aseguran que la conducta de sus clientas no encaja en el tipo penal de aborto, y afirman que la joven lo hizo voluntariamente. Cabrera cree que cambió el relato en un trato con la Policía para conseguir la residencia en España.
Engañada. La denunciante aseguró que sus proxenetas ya le habían practicado un hechizo de vudú antes de salir de Nigeria, y que había venido a España en 2009 engañada para ser forzada a ejercer la prostitución.
«Bastardo». Afirmó que sus jefas le habían pegado y la habían coaccionado para abortar, preguntándole si lo que «quería tener un bastardo» y recordó que no sólo le pasaron la factura de la intervención médica en Madrid, sino que le aumentaron la de su deuda del pasaje (que pagaba prostituyéndose).
«Era de mi novio» . La testigo aseguró que el bebé que estaba gestando era deseado y que el padre era su novio en aquellos tiempos, no un cliente del Lugo. Agregó que a los dos o tres días de abortar ya estaba otra vez ejerciendo la prostitución forzada.
6.000 abortos al año. El ginecólogo Juan Reyes, director de las Clínicas Gara de Telde y Tacoronte, no recordó el caso –apuntó que sus dos clínicas practican unos 6.000 abortos al año– pero sí admitió como posible que hubieran derivado a la joven a la clínica Isadora de Madrid, al exceder la gestación de las 14 semanas –estaba de 22 semanas–. Se trata ya de un caso de riesgo en el que más que un aborto por aspiración se practica un parto inducido, explicó.
Estremecedor. La sala escuchó la charla entre dos acusadas sobre cómo había ido el aborto de la joven en Madrid. Ambas comentaban entre risas que la clínica «parecía un mercado» y que habían dejado allí a la joven sola, diciendo que algo «le quemaba por dentro» y con una fortísima diarrea, contándolo a carcajadas, según la transcripción.«Nunca pensé que esto pudiera ocurrir»
La fiscal delegada de Extranjería en Las Palmas Teseida García, una profesional ya bregada en dramas humanitarios, admitió ayer al finalizar el juicio: «Nunca pensé que esto pudiera ocurrir». La representante del Ministerio Público subrayó el hecho de que las acusadas trataran a la víctima como mercancía e incluso se rieran en las conversaciones telefónicas mientras comentaban cómo habían dejado a la joven en una clínica atestada ara que acabar con la vida de un feto que deseaba dar a luz y que, enfatizó, «podría haber sido una vida». Afirmó que las proxenetas habían viciado el consentimiento de la embarazada con violencia, coacciones, insultos y rituales de magia negra.
Un tribunal atípico.
Los tres magistrados de la Sección Segunda que juzgaron el caso anterior se tuvieron que inhibir en éste, y ello obligó a formar la Sala con otros tres: Salvador Alba, Auxiliadora Díaz y Carlos Vielba. Díaz ha dictado resoluciones contra Alba en el Albagate, Vielba fue denunciado por Alba. Se descarta que comieran juntos.
domingo, 28 de mayo de 2017
“La pobreza es mi destino”
Comparte nombre y nacionalidad con el futbolista del PSG Makan Traoré,
pero no su suerte. Este maliense, de ojos grandes y enormemente tristes,
lleva media vida dando vueltas por un mundo en el que no parece encajar
o en el que no le dejan encajar. Makan no es un santo, pero tampoco un
demonio. Siempre se ha buscado la vida como ha podido, unas veces con
más fortuna que otras, pero, desde hace dos años, esa leve luz que lo
iluminaba se ha ido apagando. Vive en una cueva del barranco de Santos.
“Mi única compañía son las ratas y sus mordiscos”, asegura este maliense
que salió con 17 años de su país. Hace más de 10 años que no ve a su
madre. Llegó a España en 1996 y lo hizo de la misma forma que hoy lo
hacen miles de inmigrantes africanos, a través de Ceuta y Melilla. Entró
en España de manera ilegal y su primera parada fue Barcelona. Asegura
que se fue de Mali por miedo y por buscarse la vida lejos de la pobreza.
Y es que Makan lleva dos años en esa cueva del barranco de Santos a la que llegó después de que perdiera la última casa en la que vivía, vivienda que había ocupado. La pintó, arregló puertas y ventanas, pero no fue suficiente. Los herederos de la propiedad la reclamaron y, en cuanto pudieron, cambiaron cerraduras y se quedó fuera. Makan asegura que la perdió por su exmujer. “Yo vivía allí y la recogí a ella y a su novio porque no tenían donde estar. Es la madre de mi hijo, no la podía dejar en la calle”, dice. Su exmujer, siempre según el relato de Makan, lo denunció por maltrato y un juez firmó una orden de alejamiento que lo ponía en la calle. Eso propició que los propietarios forzaran su marcha. La cueva fue su única opción.
Cuando no tiene nada se va a los contenedores de basura. Si tiene suerte, puede conseguir una hamburguesa a medio comer o un trozo de pizza que ya nadie quiere o carne que no huele muy mal o fruta y verdura que no esté muy pasada. “Me he puesto enfermo muchas veces por comer alimentos que no estaban bien, pero no había otra cosa”, relata.
Makan es ilegal. Es una persona, pero es ilegal a ojos de la Administración. No tiene papeles, la oficina de extranjería lo está buscando para deportarlo. Está en esta situación desde 2013. Los partes médicos que corroboran su enfermedad, su falta de ingresos o sus condiciones de vida deberían ser suficientes para concederle un permiso por cuestiones humanitarias. Su consulado, el de Mali, no le responde. Makan dice que tendría que ir a Madrid para conseguir el pasaporte.
Cuando se le pregunta qué es lo que quiere, no dice dinero, ni comida, ni salud. “Quiero una casa para poder tener a mi hijo. Me lo quitaron porque vivo en una cueva”. Lo dice casi llorando.
Y es que Makan lleva dos años en esa cueva del barranco de Santos a la que llegó después de que perdiera la última casa en la que vivía, vivienda que había ocupado. La pintó, arregló puertas y ventanas, pero no fue suficiente. Los herederos de la propiedad la reclamaron y, en cuanto pudieron, cambiaron cerraduras y se quedó fuera. Makan asegura que la perdió por su exmujer. “Yo vivía allí y la recogí a ella y a su novio porque no tenían donde estar. Es la madre de mi hijo, no la podía dejar en la calle”, dice. Su exmujer, siempre según el relato de Makan, lo denunció por maltrato y un juez firmó una orden de alejamiento que lo ponía en la calle. Eso propició que los propietarios forzaran su marcha. La cueva fue su única opción.
Cuando no tiene nada se va a los contenedores de basura. Si tiene suerte, puede conseguir una hamburguesa a medio comer o un trozo de pizza que ya nadie quiere o carne que no huele muy mal o fruta y verdura que no esté muy pasada. “Me he puesto enfermo muchas veces por comer alimentos que no estaban bien, pero no había otra cosa”, relata.
Makan es ilegal. Es una persona, pero es ilegal a ojos de la Administración. No tiene papeles, la oficina de extranjería lo está buscando para deportarlo. Está en esta situación desde 2013. Los partes médicos que corroboran su enfermedad, su falta de ingresos o sus condiciones de vida deberían ser suficientes para concederle un permiso por cuestiones humanitarias. Su consulado, el de Mali, no le responde. Makan dice que tendría que ir a Madrid para conseguir el pasaporte.
Cuando se le pregunta qué es lo que quiere, no dice dinero, ni comida, ni salud. “Quiero una casa para poder tener a mi hijo. Me lo quitaron porque vivo en una cueva”. Lo dice casi llorando.
lunes, 24 de abril de 2017
“Tengo miedo de volver al Congo, allí te matan y desapareces como una mosca”
“Es
duro vivir sin familia, sin trabajo y sin papeles”, repite la mente de
Lucien (nombre ficticio) cuando su cabeza consigue dejar de hacer
cálculos para llegar a fin de mes. Este congoleño abandonó su país en
2010 huyendo de las consecuencias de la guerra y del temor a acabar
formando parte de una estadística que cifra en más de cinco millones los
muertos en el conflicto del Congo. Tras pedir protección internacional,
el Gobierno de España le ha denegado la condición de refugiado. Ahora
vive en Fuerteventura donde asegura tener miedo de volver a su país. “En
el Congo te matan y desapareces sin nada, como una mosca”.
La República Democrática del Congo es un país rico en minerales (cobre, manganeso, oro, diamantes y, sobre todo, coltán con el que se fabrican los móviles que Europa lleva en sus bolsillos). Tiene una población que supera los 77 millones de habitantes, un pasado de muertes y guerras, un presente de hambrunas y violaciones a los derechos humanos y un futuro difícil de escribir.
El filósofo y revolucionario Frantz Fanon afirmó que el mapa de África tiene forma de revólver y Congo es el gatillo. Ese gatillo empezó a apretarse con insistencia en 1996. Dos años antes, el mundo se avergonzaba del genocidio perpetrado a los tutsis en la vecina Ruanda y millones de hutus se desplazaban hacia el Congo huyendo de una posible revancha.
Lucien era un joven que vivía en el barrio de Masina, en la capital de Kinshasa, cuando el Zaire fue rebautizado como República Democrática del Congo. Vio cómo se precipitaba la caída del dictador Mobutu y tomaba posesión Laurent Kabila con promesas de libertad. También asistió a una guerra civil con millones de muertos en un conflicto que llegó a involucrar a seis países de la región.
Sus padres representaban las dos caras de la moneda. Su madre era ruandesa, de origen hutu, y su padre congoleño. A pesar del descontento de la familia paterna, contrajeron matrimonio. De la unión nacieron tres hijos: Lucien, el mayor, y dos hijas más. Fueron felices hasta que empezó a arder la guerra y los vecinos a recordar el origen ruandés de la mujer.
En 1998 se respiraba el odio racial en las calles y en las casas la guerra dejaba cortes en el suministro de agua y luz. Un día, sin electricidad para poder moler el maíz, la madre de Lucien salió en busca de un molino a casa de unos conocidos. En la calle se encontró con disturbios entre militares y rebeldes y con un joven del barrio que delató su origen ruandés. Minutos después, la mujer moría molida a palos.
Con 19 años, el congoleño enterró a su madre y comenzó una nueva vida junto a su padre y sus hermanas en el barrio de Lemba-Matete. “Vivir sin ella era difícil. Mi padre iba a trabajar y había días en los que yo no podía ir a la universidad, donde estudiaba Informática, porque me tenía que quedar cuidando a mis hermanas”, recuerda.
Tras terminar los estudios de Informática, recibió la llamada de la fe y entró en una congregación religiosa dispuesto a convertirse en sacerdote y servir a Dios. Esa búsqueda de Dios le llevó primero a la misión de los Hermanos de Caná y, más tarde, a la de Hijos de la Inmaculada Concepción donde estudió Filosofía.
En casa, su padre intentaba superar la muerte de su mujer. La pena y el deterioro de salud acabarían produciendo su fallecimiento por un infarto en 2010 y convirtiendo a Lucien en el cabeza de familia. “Cuando murió me quedé como responsable de mis hermanas y pedí a la congregación poder acogerlas allí algún tiempo”, explica.
Los responsables dieron el visto bueno y poco después sus dos hermanas se instalaron en las habitaciones de la congregación. Los supuestos tratos de favor no tardaron en producir el malestar y la envidia entre los sacerdotes. Alguno de ellos acabó traicionándolo. “Alguien fue a denunciar a la Policía que yo era hutu de Ruanda y dijeron que estaba albergando a mis paisanos”, recuerda.
Desde entonces, no ha sabido nada de sus hermanas. De vez en cuando llama a amigos y conocidos del Congo en busca de información sobre su posible paradero. No se cansa de buscarlas y asegura de forma tajante que “una persona no puede estar sola en el mundo”.
En Guinea Ecuatorial empezó a ganarse la vida dando clases de francés a los trabajadores de una empresa brasileña. Vivió durante un año y medio en el país hasta que los comentarios sobre su origen hutu empezaron a circular por la zona.
Lucien afirma que “en los países de África siempre hay miedo”. Por ese miedo decidió volver a hacer las maletas y viajar a España. “Sufrí acoso y episodios de odio. En Guinea había ataques cuando había reuniones de congoleños y también cuando ocurrían enfrentamientos en Congo”. Según él, la excusa que daban los congoleños era: “Los ruandeses nos están matando allí y nosotros tenemos que matar a los ruandeses en cualquier sitio que estén”.
Su intención no era quedarse en España sino pasar un tiempo aquí hasta que mejorara la situación en Congo. Lejos de mejorar, empeoraba y el tiempo corría en su contra. Finalmente, decidió pedir asilo en julio de 2013. La solicitud se admitió a trámite y consiguió una tarjeta roja que también guarda en su cartera donde se lee “documento acreditativo de la condición de solicitante en tramitación de protección internacional”.
Lucien permaneció un año en uno de los pisos de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR) de Las Palmas. Las oportunidades continuaban cerrándose por lo que decidió regresar a Fuerteventura. En la isla había recibido formación en el sector de la hostelería y pensó que sus antiguos trabajos en el sector podrían servirle de carta de presentación para conseguir un nuevo empleo.
En noviembre de 2015 recibió una llamada de Extranjería que le comunicaba que en las oficinas de la Policía Nacional le esperaba una notificación. Tras abrir el sobre, Lucien leyó que el Gobierno español le denegaba el asilo. Los argumentos que daban era que su vida no estaba en peligro al no haber guerra en la zona ni indicios de odio entre congoleños y ruandeses. Según la Comisión Española de Ayuda al Refugiado, 95 personas procedentes de República Democrática del Congo solicitaron asilo en España en 2016.
En su pasaporte sellaron una orden de salida obligatoria de España. Lucien asegura tener miedo de volver al Congo “con un gobierno que está matando a la gente, prefiero dormir en la calle que volver al país y arriesgarme a una muerte”, insiste.
Hace algún tiempo solicitó un recurso para conseguir el asilo. “Me piden que busque pruebas, pero cómo voy a hacerlo si no tengo dinero para pagar un abogado que investigue”, lamenta. Ahora se agarra a la única posibilidad para seguir en España: conseguir el arraigo social. A su favor juegan sus más de tres años en territorio español y en su contra no tener un contrato laboral. “Desde agosto estoy buscando, pidiendo, rogando un contrato para solicitar el arraigo social”, comenta mientras no oculta su miedo a ser expulsado.
En Fuerteventura vive de la bondad de los majoreros en una pequeña vivienda por la que paga 150 euros al mes. Su corazón se dispara cuando ve un coche de Policía. También cuando piensa que el próximo mes puede que duerma en la calle. “Estoy sufriendo con esta situación. Tengo salud para trabajar, lo que necesito es que me ayuden a conseguir un contrato”, repite en varias ocasiones.
Antes de regresar a su domicilio asegura que los majoreros se han portado bien con él. “En Fuerteventura no tengo nada, pero estoy en paz”. Apura el café y se despide recordando que sabe trabajar en muchos oficios.
La República Democrática del Congo es un país rico en minerales (cobre, manganeso, oro, diamantes y, sobre todo, coltán con el que se fabrican los móviles que Europa lleva en sus bolsillos). Tiene una población que supera los 77 millones de habitantes, un pasado de muertes y guerras, un presente de hambrunas y violaciones a los derechos humanos y un futuro difícil de escribir.
El filósofo y revolucionario Frantz Fanon afirmó que el mapa de África tiene forma de revólver y Congo es el gatillo. Ese gatillo empezó a apretarse con insistencia en 1996. Dos años antes, el mundo se avergonzaba del genocidio perpetrado a los tutsis en la vecina Ruanda y millones de hutus se desplazaban hacia el Congo huyendo de una posible revancha.
Lucien era un joven que vivía en el barrio de Masina, en la capital de Kinshasa, cuando el Zaire fue rebautizado como República Democrática del Congo. Vio cómo se precipitaba la caída del dictador Mobutu y tomaba posesión Laurent Kabila con promesas de libertad. También asistió a una guerra civil con millones de muertos en un conflicto que llegó a involucrar a seis países de la región.
Sus padres representaban las dos caras de la moneda. Su madre era ruandesa, de origen hutu, y su padre congoleño. A pesar del descontento de la familia paterna, contrajeron matrimonio. De la unión nacieron tres hijos: Lucien, el mayor, y dos hijas más. Fueron felices hasta que empezó a arder la guerra y los vecinos a recordar el origen ruandés de la mujer.
En 1998 se respiraba el odio racial en las calles y en las casas la guerra dejaba cortes en el suministro de agua y luz. Un día, sin electricidad para poder moler el maíz, la madre de Lucien salió en busca de un molino a casa de unos conocidos. En la calle se encontró con disturbios entre militares y rebeldes y con un joven del barrio que delató su origen ruandés. Minutos después, la mujer moría molida a palos.
Con 19 años, el congoleño enterró a su madre y comenzó una nueva vida junto a su padre y sus hermanas en el barrio de Lemba-Matete. “Vivir sin ella era difícil. Mi padre iba a trabajar y había días en los que yo no podía ir a la universidad, donde estudiaba Informática, porque me tenía que quedar cuidando a mis hermanas”, recuerda.
Tras terminar los estudios de Informática, recibió la llamada de la fe y entró en una congregación religiosa dispuesto a convertirse en sacerdote y servir a Dios. Esa búsqueda de Dios le llevó primero a la misión de los Hermanos de Caná y, más tarde, a la de Hijos de la Inmaculada Concepción donde estudió Filosofía.
En casa, su padre intentaba superar la muerte de su mujer. La pena y el deterioro de salud acabarían produciendo su fallecimiento por un infarto en 2010 y convirtiendo a Lucien en el cabeza de familia. “Cuando murió me quedé como responsable de mis hermanas y pedí a la congregación poder acogerlas allí algún tiempo”, explica.
Los responsables dieron el visto bueno y poco después sus dos hermanas se instalaron en las habitaciones de la congregación. Los supuestos tratos de favor no tardaron en producir el malestar y la envidia entre los sacerdotes. Alguno de ellos acabó traicionándolo. “Alguien fue a denunciar a la Policía que yo era hutu de Ruanda y dijeron que estaba albergando a mis paisanos”, recuerda.
“Desde agosto estoy buscando, pidiendo, rogando un contrato para solicitar el arraigo social”, comenta mientras no oculta su miedo a ser expulsadoLucien trató de convencer a la Policía de que aquellas dos jóvenes eran sus hermanas y vivían con él tras quedarse huérfanas. El joven insistía en explicarse: “una cosa es que seamos de origen ruandés, pero no somos rebeldes”. Sus explicaciones no evitaron que la situación se complicara. Finalmente, sus superiores religiosos le aconsejaron salir del Congo y evitar una posible muerte en manos de los tutsis. Desde Fuerteventura insiste: “allí no hay justicia, te matan como un perro y desapareces”. Hizo las maletas y una noche de 2011 huyó al Congo Brazzaville. Allí consiguió un visado que le abrió las puertas a su nuevo destino: Guinea Ecuatorial. En el país africano le esperaban un grupo de sacerdotes. Nada más aterrizar llamó a sus antiguos compañeros del Congo. Estos le contaron que sus hermanas habían sido trasladadas a un centro de acogida. Anotó el número y llamó. Al otro lado del teléfono, alguien le comentó que las jóvenes habían salido con unos amigos y que no habían regresado más.
Desde entonces, no ha sabido nada de sus hermanas. De vez en cuando llama a amigos y conocidos del Congo en busca de información sobre su posible paradero. No se cansa de buscarlas y asegura de forma tajante que “una persona no puede estar sola en el mundo”.
En Guinea Ecuatorial empezó a ganarse la vida dando clases de francés a los trabajadores de una empresa brasileña. Vivió durante un año y medio en el país hasta que los comentarios sobre su origen hutu empezaron a circular por la zona.
Lucien afirma que “en los países de África siempre hay miedo”. Por ese miedo decidió volver a hacer las maletas y viajar a España. “Sufrí acoso y episodios de odio. En Guinea había ataques cuando había reuniones de congoleños y también cuando ocurrían enfrentamientos en Congo”. Según él, la excusa que daban los congoleños era: “Los ruandeses nos están matando allí y nosotros tenemos que matar a los ruandeses en cualquier sitio que estén”.
Llegada a España
Los sacerdotes le consiguieron un visado, que aún guarda en su
cartera, y en octubre de 2012 llegó a Madrid. Un conocido guineano le
esperaba. Días después, este viajó a Fuerteventura por motivos de
trabajo y no tardó en convencerle de las oportunidades laborales en la
isla.Su intención no era quedarse en España sino pasar un tiempo aquí hasta que mejorara la situación en Congo. Lejos de mejorar, empeoraba y el tiempo corría en su contra. Finalmente, decidió pedir asilo en julio de 2013. La solicitud se admitió a trámite y consiguió una tarjeta roja que también guarda en su cartera donde se lee “documento acreditativo de la condición de solicitante en tramitación de protección internacional”.
Lucien permaneció un año en uno de los pisos de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR) de Las Palmas. Las oportunidades continuaban cerrándose por lo que decidió regresar a Fuerteventura. En la isla había recibido formación en el sector de la hostelería y pensó que sus antiguos trabajos en el sector podrían servirle de carta de presentación para conseguir un nuevo empleo.
En noviembre de 2015 recibió una llamada de Extranjería que le comunicaba que en las oficinas de la Policía Nacional le esperaba una notificación. Tras abrir el sobre, Lucien leyó que el Gobierno español le denegaba el asilo. Los argumentos que daban era que su vida no estaba en peligro al no haber guerra en la zona ni indicios de odio entre congoleños y ruandeses. Según la Comisión Española de Ayuda al Refugiado, 95 personas procedentes de República Democrática del Congo solicitaron asilo en España en 2016.
En su pasaporte sellaron una orden de salida obligatoria de España. Lucien asegura tener miedo de volver al Congo “con un gobierno que está matando a la gente, prefiero dormir en la calle que volver al país y arriesgarme a una muerte”, insiste.
Hace algún tiempo solicitó un recurso para conseguir el asilo. “Me piden que busque pruebas, pero cómo voy a hacerlo si no tengo dinero para pagar un abogado que investigue”, lamenta. Ahora se agarra a la única posibilidad para seguir en España: conseguir el arraigo social. A su favor juegan sus más de tres años en territorio español y en su contra no tener un contrato laboral. “Desde agosto estoy buscando, pidiendo, rogando un contrato para solicitar el arraigo social”, comenta mientras no oculta su miedo a ser expulsado.
En Fuerteventura vive de la bondad de los majoreros en una pequeña vivienda por la que paga 150 euros al mes. Su corazón se dispara cuando ve un coche de Policía. También cuando piensa que el próximo mes puede que duerma en la calle. “Estoy sufriendo con esta situación. Tengo salud para trabajar, lo que necesito es que me ayuden a conseguir un contrato”, repite en varias ocasiones.
Antes de regresar a su domicilio asegura que los majoreros se han portado bien con él. “En Fuerteventura no tengo nada, pero estoy en paz”. Apura el café y se despide recordando que sabe trabajar en muchos oficios.
lunes, 2 de enero de 2017
El ansia de dignidad se triplica
Marta Ramos
![]() |
| Gonzalo Andradas en el centro de acogida de CEAR en Gran Canaria. |
De Venezuela, del Sáhara, de Marruecos, de Nigeria, de Irak, de Afganistán, de Rusia o de China. Más de 46.000 personas de todo el mundo han sido atendidas por la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR) durante sus treinta años de existencia en Canarias. A lo largo del tiempo los perfiles han cambiado, pero en los últimos tres años las peticiones de asilo se han triplicado.
En octubre de 2015, dos mujeres hermanas llegaron a la costa de Gran Canaria en patera. Una era sordomuda y la otra iba en silla de ruedas, pero en algún momento creyeron que la inmensidad del mar era más segura que su propio país, así que decidieron embarcarse rumbo a una mejor vida sin saber si llegarían a buen puerto. Cuando fueron atendidas, dijeron ser sirias y durante esos días, muchas fueron las dudas acerca de su origen, que nunca se corroboró. Después de pasar varios meses en el centro de acogida de CEAR de Vecindario, se fueron a Francia en busca de oportunidades, porque en realidad, las Islas eran sólo un lugar de paso.
Como estas dos mujeres, 46.000 solicitantes de asilo y migrantes vulnerables de todos los continentes han sido atendidas por CEAR a lo largo de sus tres décadas de existencia en el Archipiélago. Explica el coordinador territorial de la organización, Juan Carlos Lorenzo, que «hay una relación directamente proporcional entre una situación de conflicto, de pobreza extrema y de persecución y la procedencia». Los conflictos armados, la hambruna, la religión, la identidad y orientación sexual y el albinismo son los motivos para huir.
Durante las dos primeras décadas de CEAR, el perfil de solicitante de asilo era un hombre que viajaba solo, pero ahora, cada vez es más usual la llegada de familias enteras o monomarentales. Tanto es así que una de cada tres personas que vive en el centro de acogida de Vecindario son niños, asegura el director del centro, Gonzalo Andradas, que recalca que cada vez es más frecuente ver «mucho drama y mucha muerte» en las pateras que llegan a las costas canarias. Las dependencias de CEAR es el primer objetivo de estas personas. Allí buscan asesoramiento jurídico y, sobre todo, dignidad. «Esto no deja de ser un puente. Llegan con un cansancio crónico, y no por el viaje. La semana que pueden pasar en una patera no es nada en comparación con el tiempo que han estado sufriendo persecución o explotación en su país, que ha podido ser durante años», añade.
domingo, 4 de diciembre de 2016
‘Oda a la alegría’ rumbo a Lesbos
Barrios Orquestados, con una
expedición de siete de sus miembros, partirá la próxima semana a la isla
griega de Lesbos para trasladar su pedagogía musical al campamento de
Kara Tepe.Los profesores, que destacan que hasta ahora el campamento solo cuenta con dos profesores de música y tres violines, tiene el objetivo de iniciar a menores de entre cinco y doce años en la música, una experiencia que culminará con un concierto abierto al público en el teatro de Mitilene, capital de Lesbos, en la que interpretarán, por ejemplo, Oda a la alegría, de Beethoven. «La importancia que puede tener la música para ellos es mucho mayor de la que podamos imaginar. En una situación en la que llegan niños de hasta cuatro años sin haber sido escolarizados, en la que lo único que viven es la agresividad de una guerra, las inclemencias del viaje y las carencias que viven a diario el campamento, la música puede ser una herramienta brutal para el desahogo psicológico», explica José Brito.
Barrios Orquestados quiere también denunciar en Canarias la injusta situación que viven los refugiados. "Vamos porque a ellos nos les dejan venir".
martes, 8 de noviembre de 2016
Canarias, territorio de viejos en 15 años
Gonzalo H. Martel
En apenas 15 años, Canarias será un territorio sobrecargado de viejos, con una pérdida importante de población infantil y juvenil, que necesita urgentemente de la inmigración si quiere crecer en lo social y en lo económico. Ese es el pronóstico optimista que apuntan las últimas proyecciones de población del Instituto Nacional de Estadística (INE).
La más importante de todas, es que Canarias crece gracias al
envejecimiento de la población. Los años que restan hasta 2031 son los
que convierten en mayores de 65 años a los canarios nacidos en la década
de los años 60 del siglo pasado, cuando se produjo la mayor explosión
demográfica de la historia del Archipiélago. En apenas tres lustros
serán 489.196 los canarios mayores de 65 años, lo que supone el ingreso
en ese grupo de 183.401 nuevos miembros, un 60% más del cómputo actual.
En conjunto, la población mayor de 50 años se duplicará (98,7% más)
respecto a la existente ahora.
Si repartiéramos el territorio de forma proporcional a la población actual, las cinco islas no capitalinas (Lanzarote, Fuerteventura, La Palma, La Gomera y El Hierro) y el municipio de Telde, el cuarto más poblado del Archipiélago, estarían habitadas sólo por integrantes de la tercera edad a la vuelta de 15 años. Al resto de la población prevista para 2031 le bastará con el espacio disponible en el resto de Gran Canaria y en Tenerife. La comparación no es gratuita, porque la tendencia que se señala en el estudio advierte del creciente trasvase de población a las grandes ciudades y el abandono por envejecimiento de las zonas rurales y de los núcleos más pequeños, además de un éxodo sin precedentes de la población más joven.
Si los mayores de 50 años se duplican, por debajo de esa frontera de los 50 la pérdida es del 34%. La columna que soporta el peso del futuro pierde un tercio de su masa. Para esas mismas fechas, Canarias perderá 77.486 menores de 18 años, el 20,2% de la base de la pirámide actual. Si nada cambia, el saldo vegetativo será negativo a partir del próximo año en Canarias; morirán más personas de las que nacen, y esa diferencia no parará de crecer en los próximos 15 años. La otra gran fuga de población se agrupa en la franja de los 26 a los 50 años, de la que se caen 151.786 personas, el 32% del recuento actual en la bolsa de la edad más productiva, donde la emigración se impone como alternativa, y la inmigración como necesidad. Todo un dilema para el nacionalismo local.
En apenas 15 años, Canarias será un territorio sobrecargado de viejos, con una pérdida importante de población infantil y juvenil, que necesita urgentemente de la inmigración si quiere crecer en lo social y en lo económico. Ese es el pronóstico optimista que apuntan las últimas proyecciones de población del Instituto Nacional de Estadística (INE).
La más importante de todas, es que Canarias crece gracias al
envejecimiento de la población. Los años que restan hasta 2031 son los
que convierten en mayores de 65 años a los canarios nacidos en la década
de los años 60 del siglo pasado, cuando se produjo la mayor explosión
demográfica de la historia del Archipiélago. En apenas tres lustros
serán 489.196 los canarios mayores de 65 años, lo que supone el ingreso
en ese grupo de 183.401 nuevos miembros, un 60% más del cómputo actual.
En conjunto, la población mayor de 50 años se duplicará (98,7% más)
respecto a la existente ahora.Si repartiéramos el territorio de forma proporcional a la población actual, las cinco islas no capitalinas (Lanzarote, Fuerteventura, La Palma, La Gomera y El Hierro) y el municipio de Telde, el cuarto más poblado del Archipiélago, estarían habitadas sólo por integrantes de la tercera edad a la vuelta de 15 años. Al resto de la población prevista para 2031 le bastará con el espacio disponible en el resto de Gran Canaria y en Tenerife. La comparación no es gratuita, porque la tendencia que se señala en el estudio advierte del creciente trasvase de población a las grandes ciudades y el abandono por envejecimiento de las zonas rurales y de los núcleos más pequeños, además de un éxodo sin precedentes de la población más joven.
Si los mayores de 50 años se duplican, por debajo de esa frontera de los 50 la pérdida es del 34%. La columna que soporta el peso del futuro pierde un tercio de su masa. Para esas mismas fechas, Canarias perderá 77.486 menores de 18 años, el 20,2% de la base de la pirámide actual. Si nada cambia, el saldo vegetativo será negativo a partir del próximo año en Canarias; morirán más personas de las que nacen, y esa diferencia no parará de crecer en los próximos 15 años. La otra gran fuga de población se agrupa en la franja de los 26 a los 50 años, de la que se caen 151.786 personas, el 32% del recuento actual en la bolsa de la edad más productiva, donde la emigración se impone como alternativa, y la inmigración como necesidad. Todo un dilema para el nacionalismo local.
lunes, 3 de octubre de 2016
Barranco Seco lleva años sin traductores y sin baños privado
Antonio F. de la Gándara / Las Palmas de Gran Canaria
La Fiscalía de Extranjería en Las Palmas denuncia en
la memoria sobre 2015 que en el Centro de Internamiento de Extrajeros
(CIE) de Barranco Seco sigue sin haber ni intérpretes para asegurar la
tutela judicial efectiva de los internos ni sanitarios en las celdas. La
situación seguía así el viernes.
Explicita que una de ellas «es la falta de intérpretes para que la tutela judicial de los inmigrantes sea efectiva» y que otra de las «relevantes» es «la ausencia de sanitarios en las celdas, con los inconvenientes que ellos supone para la organización de traslados a los servicios o la merma de condiciones higiénico-sanitarias en las propias celdas».
En lo que se refiere a la falta de sanitarios en las celdas, La fiscal recuerda en su informe que esta carencia fue incluso puesta de manifiesto por el Defensor del Pueblo. Agrega igualmente que el acta observando las deficiencias en el CIE fue «remitida a la autoridad gubernativa correspondiente por el conducto del fiscal superior»; y a pesar de todo ello la situación se mantiene en idénticas condiciones un año más.
Explicita que una de ellas «es la falta de intérpretes para que la tutela judicial de los inmigrantes sea efectiva» y que otra de las «relevantes» es «la ausencia de sanitarios en las celdas, con los inconvenientes que ellos supone para la organización de traslados a los servicios o la merma de condiciones higiénico-sanitarias en las propias celdas».
En lo que se refiere a la falta de sanitarios en las celdas, La fiscal recuerda en su informe que esta carencia fue incluso puesta de manifiesto por el Defensor del Pueblo. Agrega igualmente que el acta observando las deficiencias en el CIE fue «remitida a la autoridad gubernativa correspondiente por el conducto del fiscal superior»; y a pesar de todo ello la situación se mantiene en idénticas condiciones un año más.
jueves, 15 de septiembre de 2016
El control de la frontera marítima con Canarias lleva a los inmigrantes al continente americano
R.L.P. - @ABC_Canarias Las Palmas De Gran Canaria
Los problemas de los inmigrantes de África subsahariana para acceder a Canarias ha generado que las mafias abran nuevas rutas para que su negocio sea rentable. Y ese negocio está ubicado en centroamérica. Llegan a América Central en pateras y cayucos, desde barcos nodriza, y aviones. Como ocurría en Canarias a mediados de la pasada década.
En las últimas semanas, producto del buen tiempo en verano, ha aumentado el número de inmigrantes procedentes del Congo, Mali y Senegal en Guatemala. Pero también de pasquitaníes y de Somalia que salen e puertos africanos.
martes, 16 de agosto de 2016
Negada nacionalidad a una nigeriana, con diez años cotizados en Canarias, por no saber español
Negada nacionalidad a una nigeriana, con diez años cotizados en Canarias, por no saber español
La Audiencia Nacional ha confirmado la decisión del Registro Civil de Arrecife (Lanzarote)
que negó la nacionalidad española por no entender bien el idioma a una
mujer nigeriana que reside en la isla desde hace 14 años, tiene dos
hijos españoles y ha cotizado diez años a la Seguridad Social.En este caso, la Dirección General del Registro Civil reconocía que esta mujer reúne "los requisitos generales de residencia exigidos para la concesión de la nacionalidad", pero también defendía que no ha demostrado que esté integrada en la sociedad española, "ya que no conoce suficientemente el idioma".
En una sentencia fechada el 21 de julio, la Sala de lo Contencioso Administrativo de la Audiencia Nacional subraya que el juez encargado del Registro Civil de Arrecife puso de manifiesto en su informe que esta mujer no entendía la mayoría de las preguntas que le hizo cuando se entrevistó con ella y que tuvo que repetírselas de otra manera para que lograra comprenderlas.
Y, en cuanto a la cultura española, apuntaba que "básicamente su conocimientos se reducen a los colores de la bandera española, cuántas islas hay en Canarias y el número de comunidades autónomas de España, pero desconoce el nombre del presidente de la comunidad donde reside, así como la bandera de Canarias".
"También desconoce prácticamente la totalidad de las preguntas relativas a la geografía, la historia y vida cultural española, idiomas oficiales y con qué periodicidad se celebran las elecciones", explicaba el juez del Registro Civil.
La Audiencia Nacional remarca el hecho de que esta mujer tenga tan deficiente nivel de comprensión oral del idioma español, "pese a residir legalmente en España desde hace 14 años y pese a venir realizando actividades laborales, lo que supuestamente debería propiciar su relación y comunicación oral con el entorno".
"Parece bastante evidente que difícilmente puede conseguirse una integración si no se conoce el medio de expresión utilizado, el idioma común de obligatorio conocimiento por los miembros de la sociedad respecto de la cual manifiesta su voluntad de ser nacional", argumenta la magistrada ponente, Felisa Atienza.
La sentencia recuerda que la solicitante no ha alegado ninguna otra actividad de carácter social o cultural que ponga de manifiesto su integración "en la vida y costumbres españolas, más allá de su trabajo y residencia en España junto a su marido e hijos".
En cuanto a su ignorancia sobre cuestiones de actualidad y de organización política de España, "al alcance de cualquiera que se implique en el país", la Audiencia defiende que desconocer "las instituciones básicas resulta incompatible con el ejercicio de los derechos políticos que lleva consigo la obtención de nacionalidad".
La magistrada ponente enfatiza, al respecto, que una cosa es trabajar en España y otra tener la nacionalidad, porque con esta última "se adquiere el derecho a participar en los asuntos públicos, directamente o por medio de representantes libremente elegidos en elecciones periódicas por sufragio universal, así como a acceder en condiciones de igualdad a las funciones y cargos públicos".
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sábado, 23 de julio de 2016
“Los chicos morían sentados; no te dabas cuenta de que estaban muertos”
Fue uno de las decenas de miles de inmigrantes que llegaron entre
2006 y 2008 a Canarias desde la costa africana en cayucos y pateras,
aquellos años en los que el fenómeno desbordó todas las previsiones.
Siendo casi un niño, con 16 años, abandonó su pueblo, en Costa de
Marfil, para emprender la aventura de su vida. Dejó atrás madre y cuatro
hermanos y afrontó un viaje que estuvo a punto de costarle la vida y
que duró un año desde que salió de su casa hasta que llegó a El Hierro,
la isla que le salvó in extremis cuando la barca navegaba hacia su
perdición: el interior del océano. Hasta ese día Lass Sangare
nunca había tenido contacto con el mar. Este mes cumplió 24 años, lleva
nueve en la Isla -actualmente reside en La Laguna- y recuerda su odisea
como si fuera ayer. Durante la travesía entre la costa mauritana y la
canaria murieron cinco compañeros de viaje. “Morían sentados, no te
dabas cuenta de que estaban muertos”, rememora este joven, de mirada
noble, que hoy sueña con montar una empresa de exportación de vehículos
desde Tenerife a África.-Los medios de comunicación sólo nos ocupamos del viaje en patera, pero olvidamos que es solo la última parte de la tragedia de miles de inmigrantes.
“El momento de subir a la patera es terrible, pero lo que pasamos antes no se ve. Es lo peor. A lo largo de ese camino nadie confía en nadie. No tienes ningún apoyo. Es muy duro”.
-¿Cómo recuerdas ese calvario por tierra entre tu país y Mauritania?
“Tuve que recorrer muchos kilómetros en guagua hasta llegar a la frontera entre Guinea y Mali. Como no tenía pasaporte hice el trayecto a pie. Así pude entrar en Mali y de allí a Mauritania”.
-Ustedes salieron desde un punto de Mauritania. ¿Cuántas personas iban en la patera?
“Éramos 65, todos hombres. Yo era el más pequeño. Muchos pensaban que íbamos a ir en un barco y no en una patera. Lo que pasa en el momento de subir a la barca tampoco sale en los periódicos ni en radio ni en televisión. Es un momento crítico”.
-¿Por qué?
“Hay una lista de 80 personas. El capitán de la patera sabe perfectamente que van a subir 45. Todo el mundo se pone en la fila y nadie se quiere quedar en tierra y la mayoría de la gente, que no sabe nadar, se desespera. Algunos mueren ahí y otros muchos se lesionan”.
-No siguieron la ruta habitual de las embarcaciones de inmigrantes hacia el sur de Tenerife o Gran Canaria. ¿Por qué? ¿Se desorientaron?
“No sabíamos adónde íbamos. Nos habían dicho que al día siguiente de embarcar llegaríamos a Europa. Yo ni siquiera sabía que Canarias existía”.
-¿Cómo fueron los primeros días a bordo del cayuco?
“Lo pasamos muy mal. La gente piensa que desde el principio vas sentado tranquilamente esperando llegar al destino. Y no es así, cada vez que venía una ola grande la barca se llenaba de agua y había que sacarla rápidamente para que no se hundiera. Y mientras hacías eso la mayoría vomitaba, salvo los que eran pescadores en Mauritania que están más acostumbrados y resistían. Aquel olor no se podía soportar”.
-¿Tenían comida y bebida?
-Varios de los pasajeros no aguantaron el sufrimiento…
“Sí, cinco murieron de hambre y de frío. Murieron sentados, no te dabas cuenta de que estaban muertos. Nunca vi a nadie agonizar. El hermano de la primera víctima no quería tirarlo al mar, pero no quedó más remedio que hacerlo. En esos momentos te viene a la mente un pensamiento: el próximo puedo ser yo y no voy a ver más a mi familia, y te haces una pregunta: ¿de verdad vale la pena pasar por esto?”
-¿La situación familiar es el factor más determinante para embarcarse en una patera?
“En África el que ayuda a la familia es un héroe para la familia. Ese principio hace que seamos capaces de hacer cualquier cosa para poder conseguir ese premio. Por eso cuando ves morir a una de esas personas que va contigo en busca de ese objetivo es muy duro. En el viaje algunos sufrían alucinaciones. Comentaban en medio del océano: “voy a subir a ese árbol y coger naranjas porque tengo hambre”. Llegaban a ver el árbol”.
-Al quinto día de navegación, a primera hora de la mañana, les localizó una embarcación de Salvamento Marítimo al sur de la isla de El Hierro…
“La noche anterior tenía tanto frío que llegué a perder el conocimiento. Cuando llegó la embarcación de Salvamento Marítimo escuchaba cosas pero no tenía fuerza para levantarme ni para hablar. También tenía la piel irritada. Lo siguiente que recuerdo ya es en el hospital por la noche. No sabía dónde estaba. No me importaba donde estuviera, yo sólo quería pisar tierra firme. Era la señal de que había sobrevivido”.
-¿Has vuelto a la isla que te salvó la vida aquel 29 de julio de 2008?
“No, me encantaría volver. Cuando pueda ahorrar algo de dinero iré. El Hierro era el último territorio, después venía el gran océano. Estuvimos a muy pocas millas de perdernos”.
-Nadie descarta que en Canarias vuelva otra crisis de los cayucos. ¿Qué les dirías a los chicos que quieren dar el salto a Canarias en una barca?
“Que hagan lo que hagan en la vida lo primero es centrarse en los estudios y luego habrá tiempo para decidir lo que se quiere hacer. Todos no vamos a tener la vida que soñamos. Les digo que no tengan en cuenta mi caso. Yo tuve mucha suerte, y hoy me siento integrado. Pero aquí las cosas no están bien. Y también pido que en Canarias y en España no sólo se luche para que no vengan pateras sino también para cambiar la situación de los jóvenes africanos”.
domingo, 17 de julio de 2016
Los trabajadores sociales piden de nuevo el cierre del CIE de Barranco Seco
Los trabajadores sociales denuncian "deficiencias" en sus instalaciones y el "incumplimiento sistemático" del reglamento para su funcionamiento.Los internos siguen sin tener acceso a una asistencia sanitaria pública permanente, tampoco cuentan con profesionales de trabajo social que los puedan asesorar en sus derechos básicos, reprochan.En un comunicado, el Colegio señala que desde julio de 2015 ha estado informando a la Delegación del Gobierno en Canarias, responsable de la gestión de este centro, de esos incumplimientos del reglamento de 2014, que incorporaba una serie de derechos y garantías que no se están respetando.Así mismo, destaca el deterioro de las infraestructuras de Barranco Seco, que fue una prisión que quedó obsoleta, lo que impide que los internos puedan recibir visitas en condiciones.
http://www.eldiario.es/canariasahora/sociedad/trabajadores-sociales-CIE-Barranco-Seco_0_536146520.html
Los Centros de Internamiento de Extranjeros funcionan como "verdaderas cárceles. Un estudio que analiza la situación de varios CIES de España, entre los que se encuentran el de Barranco Seco y Fuerteventura, denuncia la violación masiva de los derechos humanos en estos centros.El excesivo número de internos por habitación y la pequeñez de las celdas figuran entre las principales deficiencias de los Centros de Barranco Seco y El Matorral.
http://www.eldiario.es/canariasahora/sociedad/Centros-Internamiento-Extranjeros-funcionan-verdaderas_0_403860284.html
http://www.eldiario.es/canariasahora/sociedad/Centros-Internamiento-Extranjeros-funcionan-verdaderas_0_403860284.html
martes, 5 de julio de 2016
La emigración al extranjero desde Canarias marcó en 2015 su máximo
http://www.laopinion.es/economia/2016/06/30/emigracion-extranjero-canarias-marco-maximo/685806.html
viernes, 15 de abril de 2016
"La gente es mucho más solidaria en Canarias con la inmigración"
Autor de la premiada imagen de inmigrantes sobre una valla fronteriza junto a un campo de golf melillense, el presidente de la Asociación Pro Derechos de la Infancia (Prodein) de Melilla, José Palazón (Cartagena, 1955), visita Gran Canaria para participar en el Encuentro de Solidaridad con los Pueblos de África y Latinoamérica (ESPAL 2016) de Santa Lucía.
martes, 29 de marzo de 2016
Los inmigrantes que lleguen a las Islas contarán con un traductor al recibir asistencia sanitaria
jueves, 25 de febrero de 2016
Abandonados en el suelo de una comisaría inmigrantes graves y deshidratados
Acababan de pasar más de cinco días navegando sin alimentos, bebiendo agua de mar para sobrevivir mientras vieron morir a siete de sus compañeros. Los supervivientes de la patera que naufragó el pasado domingo cerca de las costas canarias, después de ser trasladados a centros sanitarios, fueron reenviados a un garaje de la comisaría de Maspalomas. Allí se los encontró Cruz Roja el lunes "deshidratados, con cólicos fortísimos, fiebre y quemaduras", según ha confirmado el delegado del Gobierno en Canarias y la institución humanitaria. "Uno de los siete jóvenes enviados a dependencias policiales entró en shock, y estuvo a punto de entrar en parada cardiorespiratoria", dice a eldiario.es un portavoz de Cruz Roja.
jueves, 21 de enero de 2016
CIE: una vergüenza nacional
martes, 24 de noviembre de 2015
Mauricio cree que la Policía buscaba "algo más" en su fundación y niega haber falsificado documentos
El histórico
dirigente nacionalista y ex diputado del Congreso, José Carlos Mauricio, ha
comparecido el pasado martes16/11/2015 ante el magistrado del Juzgado de Instrucción de número
8 de Las Palmas de Gran Canaria, Salvador Alba, tras serle imputado por parte
de la Policía Nacional un delito de falsificación de documento público. El
origen del caso data de cuando la Brigada de Extranjería detectó, en una
operación rutinaria, irregularidades en la contratación de una ciudadana cubana
por parte de la fundación de la que es titular el ex diputado. Posteriormente
comenzó a investigar si se trataba de una contratación ficticia, ya que de las
primeras investigaciones se dedujo que la trabajadora apenas pasaba por la sede
de la fundación contratante, sita en la plaza de Santa Ana, y viajaba por
largos periodos de tiempo a Cuba, donde reside su familia.
miércoles, 18 de noviembre de 2015
Sin noticias de los refugiados
Canarias espera por los 651 refugiados a los que se comprometió acoger
con toda la logística preparada. Sin embargo, la falta de noticias por
parte del Ejecutivo central dificulta la acción social puesta en marcha
por el Gobierno de Canarias, en coordinación con cabildos y ayuntamientos.
Mena mantiene que Canarias podría recibir a los refugiados hoy mismo,
pero necesita la información que asegura le niega el Estado al respecto.
«Tenemos todo preparado. Hemos solicitado que se nos den las
características individuales de cada persona, porque habrá que adecuar
cada lugar a las condiciones particulares de cada uno de ellos. Contamos
prácticamente con plazas en todas las islas, pero habrá que adaptarlas a
las necesidades. Y no tenemos ninguna información», expuso.
Mena mantiene que Canarias podría recibir a los refugiados hoy mismo,
pero necesita la información que asegura le niega el Estado al respecto.
«Tenemos todo preparado. Hemos solicitado que se nos den las
características individuales de cada persona, porque habrá que adecuar
cada lugar a las condiciones particulares de cada uno de ellos. Contamos
prácticamente con plazas en todas las islas, pero habrá que adaptarlas a
las necesidades. Y no tenemos ninguna información», expuso.
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