Violencia, además de guerras y conflictos armados, es también la privación de condiciones para tener una vida digna, la vulneración de los derechos humanos y la exclusión.
El hambre, la pobreza y la desigualdad no son solo consecuencias de la violencia; son también sus causas.
La paz no es solo ausencia de guerra.
Una paz real y duradera exige: educación para la convivencia, instituciones democráticas estables y justicia socioeconómica.
Combatir el hambre, la pobreza y la desigualdad es construir la paz.
El verdadero desarrollo es sinónimo de un progreso justo y equitativo basado en la solidaridad y en el respeto de los derechos humanos.
El desarrollo es el nuevo nombre de la paz.
La paz nunca podrá consolidarse sin un desarrollo sostenible e integral, sin redistribución de la riqueza y respeto por la dignidad humana.




